Ideas de Libertad y Prosperidad

Enero 22, 2010

Piñera en la hoguera chavista // Rafael Rincón-Urdaneta

Archivado en: Política, Rafael Rincón-Urdaneta — libertadyprosperidad @ 12:03 pm
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Cierto de que le asisten los cielos y de que su misión terrenal es conducir a los desorientados pueblos latinoamericanos hacia la victoria sobre el Imperio del Mal, Hugo Chávez no piensa ni funciona como presidente de Venezuela, sino como Comandante en Jefe de la Revolución Continental. Es el Caesar del Imperio Bolivariano que saldrá victorioso de la inevitable conflagración hemisférica, aplastando y desterrando de América Latina al enemigo burgués capitalista y extirpando el cáncer de la libertad individual que corrompe a los inocentes.

Señor de los óleos y sin institución alguna que renuncie a su genuflexión para cuestionar el desplume de la petrochequera venezolana, al Emperador izquierdista le sobra tinta para firmar cualquier demanda política y económica que garantice la eficiencia y la lealtad de los Morales, Ortega y Correa, lugartenientes en sus provincias bolivarianas. Y de paso se asegura aliados menos militantes, pero suficientemente colaboradores como Lula y los Kirchner.

La magnificencia del proyecto bolivariano y de su líder demandan obediencia y sumisión. Que Uribe osara enviar al más allá y en pijamas a Raúl Reyes, valiosísima pieza de las narcoterroristas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), no merecía menos que colocar a la corajuda soldadesca venezolana ad portas del enemigo colombiano. Que los hondureños defenestraran, también en atuendo nocturno, al desafortunado lugarteniente Manuel Zelaya no podía menos que atizar la iracundia chavista y el ánimo belicista. Así el personaje y su sacro cometido, todo cuestionamiento en su contra supone herejía. Y al infame que hubiere de criticarle le espera la más ardiente hoguera que Lucifer a bien tenga ofrecer.

Sebastián Piñera ha pecado y lo ha hecho feamente. Expresar públicamente sudiscrepancia con las nociones chavistas de democracia y desarrollo ha provocado el enojo del Mandamás socialista, como lo provocara en Bolívar hacia Chile el que Chiloé hubiese permanecido realista tanto tiempo. Porque el Mandamás puede opinar sobre sus provincias, extendidas desde el Río Grande hasta la Patagonia – son suyas y legítima herencia de Bolívar -, pero Dios se apiade de quien anuncie reservas hacia él.

Piñera, que a diferencia del venezolano no podrá regir ad aeternum, como buen empresario y demócrata bien entiende lo que son la administración eficiente y la libertad. No se entusiasma con la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia venezolano, Luisa Estela Morales, que impúdicamente dice que “la división de poderes es un principio que debilita al estado”, ni con los severos racionamientos de electricidad y agua porque la infraestructura correspondiente no ha conocido de mantenimiento e inversiones en muchos años, aún sobrando el dinero. Tampoco debe resultarle admirable al insolente burgués capitalista que Venezuela tenga sitial de honor entre los países más violentos del mundo o que la inflación sea la más alta de la región… o que la escasez de productos básicos reine y la miseria sea ensalzada y celebrada en una nación cuyos ingresos se multiplicaron espantosamente con la subida de los precios del petróleo (pese a la paupérrima producción nacional). A Piñera debe causarle urticaria un modelo de desarrollo cuyas extrañas tesis postulan que la devaluación por decreto de la moneda en un 100%, reciente y sin anestesia, es en realidad una “revaluación”. Y ha de comprometer el miocardio del oligarca chileno el que un gobierno haya gastado varios planes Marshall en obsequios a otros países – muchos en calidad de soborno, como los recibidos por Zelaya – cuando en Venezuela los problemas sociales se han hecho tan generalizados y normales, que ya no son problemas. En suma, la deplorable administración chavista no le parece a Piñera digna de halago ni copia.

El que Sebastián Piñera manifestara tempranamente sus observaciones sobre elSocialismo del Siglo XXI sugiere que conoce bastante bien sus extraordinarias prestaciones para el abuso y el fracaso. No se esperaba, en todo caso, ni del él ni de Frei simpatía con el modelo venezolano, pero sí alivia que el futuro mandatario asuma la cuestión como tema importante. Chile, según el Mapa Estratégico bolivariano de 2004, forma parte del “Eje del Pentágono”. Y cuando Chávez propone quebrarlo no bromea. Por ello el que un hombre de libre mercado y democracia liberal ganara las elecciones chilenas es de espanto. Con la Alianza en el poder, se prevé una actitud más firme, que no necesariamente confrontacional, frente a la avanzada ideológica chavista, contraria a la economía libre y las libertades individuales. Quizás Piñera deba ahora preparar su paciencia para ser blanco predilecto de los dardos venezolanos.

Hugo Chávez en 2004 mientras explica sobre un mapa la contraposición de dos ejes irreconciliables. En esa ocasión mostró a Santiago como parte del “Eje del Pentágono”, enfrentado al “Eje de Bolívar”. Dijo el venezolano: “La estrategia nuestra debe ser quebrar ese eje y conformar la unidad Suramericana”. Ello explica la intervención venezolana en la política doméstica de otros países y asedio diplomático contra sus enemigos. “Quebrar el eje del Pentágono” supone influir políticamente para desprestigiar y quitar espacios regionales a la economía de libre mercado y al sistema democrático representativo.

Enero 21, 2010

Francisco de Miranda y la crisis actual // Alberto Benegas Lynch(h) // Cato Institute

Archivado en: Autores, Historia, USA, Venezuela — libertadyprosperidad @ 5:11 pm
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No pocas de las cabezas de los movimientos por las independencias decimonónicas latinoamericanas entendían que no se trataba simplemente de cortar amarras con la metrópoli sino que abogaban por la autonomía del individuo.  Por eso es que Miranda repetía en su muy frondosa correspondencia que “no buscamos sustituir una tiranía antigua por otra tiranía nueva”. Sus sueños apuntaban a sociedades libres en el sentido más estricto de la expresión. Peleó en el terreno de las ideas y en el militar, en ambos casos con suerte varia y con las oposiciones, intrigas y difamaciones que habitualmente rodean a personas de su talla y estirpe.

Como he dicho antes, resulta muy paradójico que, en la región latinoamericana, los más fervientes partidarios del uso de la escarapela, el canto de himnos y el blandir de banderas a diestra y siniestra son en verdad españolistas en el sentido de adherir a las estructuras monopolistas de las épocas coloniales más truculentas (además de ser acérrimos partidarios de las dictaduras de Primo de Rivera y Franco y enemigos declarados de las Cortes de Cádiz y su Constitución liberal de 1812). En tierras sudamericanas son los partidarios de la intromisión de los aparatos estatales en los negocios privados. No se sabe que quieren significar con sus alardes de patrioterismos puesto que suscriben políticas que en la práctica, tal como explicaba el gran Juan Bautista Alberdi, convierten a los pueblos en colonos de sus propios gobiernos y se oponen al liberalismo, lo cual revela que no entendieron la columna vertebral de los movimientos que abogaban por la independencia.

Francisco de Miranda constituye uno de los ejemplos más claros del espíritu de emancipación latinoamericana y denuncia en su célebre proclama en Caracas, en 1806, que “la inconcebible ineptitud, inauditas crueldades y persecuciones atroces del gobierno español hacia los incautos e infelices habitantes del nuevo mundo desde el momento casi de su descubrimiento”.

Este personaje recorrió EE.UU., Europa y Rusia, y mantuvo asiduos contactos personales y epistolares con Thomas Paine, James Madison, Thomas Jefferson, Jeremmy Bentham, John Stuart Mill, Edward Gibbon y había leído a los autores de la Escuela Escocesa (especialmente Hume y Adam Smith), a Locke, Montesquieu y Voltaire. Además de su lengua nativa, hablaba y leía con fluidez italiano, francés, inglés y ruso (traducía del latín y del griego). Participó no solo en las luchas latinoamericanas sino —igual que Lafayette— en la Revolución de EE.UU. y en la Revolución Francesa hasta la contrarrevolución y el reino del terror lo puso preso por un tiempo; su nombre está grabado en el Arco de Triunfo.

Sus biógrafos más conocidos —Karen Raice, William S. Robertson, Joseph F. Toring y Vicente Dárola— subrayan sus notables conocimientos en materia  jurídica, filosófica, económica y militar. Las observaciones en su diario cuando recorrió distintos lugares en la naciente EE.UU. (con particular atención en Filadelfia y Boston) atestiguan la profundidad de sus estudios.

Arturo Úslar Pietri dijo en el Senado venezolano el 4 de julio de 1966 que Miranda fue “La más extraordinaria personalidad que había florecido en el vasto, desconocido y rico lino del nuevo mundo. Era la flor y la asombrosa síntesis de tres siglos de historia y de magia creadora [...] Su apresurado peregrinaje por el mundo fue menos intenso, variado y sin tregua que su maravilloso viaje de deslumbramiento a través de los libros, las literaturas y las ciencias de los viejos y los nuevos tiempos. No hubo hombre de su siglo que hubiera reunido conocimientos más extensos y variados ni biblioteca comparable a la que llegó a reunir”.

Puede resumirse el aspecto medular de su visión en una carta dirigida a Thomas Paine en 1797: “La conservación de los derechos naturales, y, sobre todo, de la libertad de las personas, seguido de sus bienes, es incuestionablemente la piedra fundamental de toda sociedad humana, bajo cualquier forma política en que ésta sea organizada”.

En Venezuela, su tierra natal, fundó la Sociedad Patriótica con la idea de discutir y fortalecer los principios de libertad, al tiempo que pretendía establecer una única nación latinoamericana que apuntara a incluir con el tiempo la antigua colonia portuguesa en el sur de América.

Sus éxitos de orador y su desempeño brillante en la Logia Lautaro —tanto en Cádiz como en tierra americana— despertaron los celos de Bolívar quien lo entregó a las fuerzas españolas a raíz de un armisticio firmado por Miranda para evitar una derrota segura, un burdo pretexto para deshacerse del hombre más destacado del momento que había sido el precursor de algunas de las propuestas bolivarianas. Dichas fuerzas españolas lo condujeron a la península, paradójicamente a una cárcel cercana a su tan apreciada Cádiz, donde, a poco andar, desdichadamente murió este gran hombre de todos los tiempos y latitudes.

Como he escrito reiteradamente en muy diversos medios, lamentablemente América latina no cuenta ya con el buen ejemplo del gobierno estadounidense cuyos documentos liminares fueron una valiosa guía para las Constituciones de muchos de los países del sur del continente. Hoy el déficit fiscal, la monetización de la ya astronómica deuda, el crecimiento exponencial de la relación gasto público-producto bruto interno, la insistencia en el rescate de irresponsables o ineptos (o las dos cosas a la vez) con el fruto del trabajo ajeno (aconsejo la lectura del ensayo de Jefffrey Miron de Harvard titulado “Bailout or Bankruptcy?”) y la manipulación de la tasa de interés por la banca central conducirán tarde o temprano a otra crisis mayúscula. Tal como apunta Michael Tanner en su libro Leviathan from the Right, desde hace seis años se imprimen 75.000 páginas anuales de asfixiantes regulaciones (y, durante el mismo período y hasta la fecha vienen trabajando 39.000 burócratas del gobierno federal tiempo completo solo en regulaciones financieras, como muestra Johan Norberg en su artículo “Regulations and its Unintended Consequences” reproducido por Cato Institute en Washington, DC). El proceso inflacionario en marcha, por el momento genera un boom artificial que indefectiblemente conducirá (posiblemente en un par de años) a un crack que intensificará y extenderá lo que hoy ocurre con el desempleo masivo, a lo que debe agregarse el nuevo intento de acentuar el ya quebrado sistema estatista de medicina (que en momentos de escribir estas líneas fue aprobado en la Cámara de Representantes por solo dos votos más de los requeridos y cinco más respecto de la minoría ya que treinta y nueve miembros del partido oficial se pronunciaron en contra del proyecto de ley junto con toda la bancada del partido republicano excepto uno…y ahora pasa al Senado con suerte por demás incierta para la legislación de marras).

Incluso la suba que experimenta la bolsa ocurre en términos del ya devaluado dólar pero si se lo mide en términos del euro es sustancialmente menor y si se lo hace en términos del oro el incremento es inexistente (y eso que este bien hoy está a su vez  algo atrasado si se extrapola a valores reales en una serie estadística de los últimos veinte años). De cualquier manera, tal como se ha consignado, el precio del metal aurífero hace las del canario en las minas de carbón: cuando hay gases tóxicos se dispara en señal de alarma. El proceso de descomposición que lamentablemente viene ocurriendo en EE.UU. está ahora refrendado por expresas declaraciones de Obama en el sentido de que debe revertirse la noción inserta en la Constitución de las tradicionales libertades negativas de protección a los derechos e introducir en la práctica la idea de la activa intervención gubernamental para redistribuir ingresos (dos declaraciones reproducidas en Fox News el 23 de octubre de 2009 y en “American Thinker” el 25 de octubre de este mismo año). Como si esto fuera poco, hay nueve funcionarios de primer nivel designados por Obama sin la auditoria del Congreso que son extremistas radicalizados de izquierda, como el responsable máximo del FCC (Comisión Federal de Comunicaciones), Mark Lloyd, quien declaró en un tape de pública difusión que es un admirador de Hugo Chávez en su política expropiatoria en materia de telecomunicaciones. En esta situación, cabe preguntarse que queda para países como Argentina donde se ha destruido la división horizontal de poderes, donde las normas permanentemente cambiantes dependen del capricho del gobernante, donde ex terroristas están en funciones estatales y aplican una justicia tuerta solo para quienes los combatieron, donde los sindicatos de raíz totalitaria y activistas armados dominan el escenario político, donde las llamadas empresas privadas se ven privadas de toda independencia, donde la prensa independiente se desempeña bajo amenazas y donde las finanzas públicas están desquiciadas por megalómanos siempre sedientos por succionar el fruto del trabajo ajeno.

Robert J. Aumann —premio Nobel en Economía de 2005— acaba de pronunciar una conferencia en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Palermo en Buenos Aires en la que subrayó el peligro que significan los rescates financieros en EE.UU. y en otras partes del mundo, y aseveró que “finalmente alguien va a tener que pagar por eso y una de las opciones será imprimiendo más moneda”. En solo nueve meses de gestión Obama pasó de tener un déficit de cinco puntos sobre el producto a trece. Sería cómico si no fuera trágico el que muchos livianamente sostengan que frente a una crisis la opción no puede ser que el gobierno se abstenga de “hacer algo” como si frente a un problema el aparato estatal debe meterle la mano en el bolsillo a quienes ganaron su peculio honestamente. En todo caso, si de hacer algo se trata, debería eliminarse el sistema bancario de reserva parcial manipulado por la banca central que pone en jaque a todo el sistema financiero, contar con marcos institucionales que respeten el derecho de todos y, por ende, abrogar todas las regulaciones absurdas y asfixiantes dirigidas a las actividades productivas, disposiciones gubernamentales que precisamente generaron esta crisis, del mismo modo que lo hicieron en la década del treinta tal como lo han señalado otros premios Nobel en Economía como Milton Friedman, Friedrich Hayek y James M. Buchanan.

Poco a poco se va estrechando el cerco del espíritu totalitario. Debemos despertar a los apáticos y redoblar nuestros esfuerzos para contribuir a los pilares de la sociedad abierta, de lo contrario inexorablemente ocurrirá lo que en otro contexto describe Julio Cortázar en “Casa tomada”. Cada vez está más extendida la enfermiza noción de que hay un “derecho” a los recursos producidos por el vecino, con lo que se desmorona la idea del respeto recíproco y se vulneran y desconocen los principios éticos, económicos y jurídicos más elementales de convivencia civilizada.

Confiemos en las enormes reservas morales existentes en EE.UU. y en otros muchos lugares, pero tenemos que estar con los ojos bien abiertos pero con la debida atención en lo que ocurre porque como reza el título de la colección de trabajos de Macedonio Fernández “no todo es vigilia la de los ojos abiertos”. Todos tenemos que alimentar la filosofía liberal que pregonó Miranda con tanto empeño para América latina, estemos atentos y vigilantes para que el autoritarismo no la convierta en “América letrina” al decir de Guillermo Cabrera Infante.

En Latinoamérica han gobernado —y gobiernan— ciertos energúmenos de tremenda peligrosidad. Carlos Fuentes en el prólogo a Yo el Supremo de Augusto Roa Bastos se refiere a varios del pasado. Elijo algunos de los tomados en ese introito: Antonio López de Santa Anna, once veces presidente de México, quien al perder una pierna en una de sus trifulcas la hizo enterrar con toda pompa en la Catedral. Enrique Peñaranda, gobernante de Bolivia de quien su madre dijo que de haber sabido que llegaría a presidente “le hubiera enseñado a leer y a escribir” y Manuel Estrada Cabrera, de Guatemala, se instaló en Paris y solo volvía a sus pagos para sofocar las revueltas contra su gobierno. Hoy los múltiples  y variopintos autócratas de esta zona son mucho menos inocentes que los anteriores, quienes en una función macabra se burlan una y otra vez de la democracia al estrangular los derechos de las minorías, al tiempo que quedan atornillados al poder. Lo he citado antes a Robin Williams quien ha sentenciado en una producción cinematográfica que  “los políticos en funciones son como los pañales: hay que cambiarlos permanentemente y por los mismo motivos”.

Enero 20, 2010

El Socialismo Mata // Carlos Alberto Montaner

Archivado en: Autores, Política — libertadyprosperidad @ 11:32 am
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Swaminathan Aiyar es un notable economista hindú que ha sacado una cuenta muy incómoda. Se le ocurrió medir el enorme precio que pagó la población de la India por no haber hecho antes la reforma económica que hoy mantiene en su país un ritmo de crecimiento que excede el 7% anual, reduce vertiginosamente el porcentaje de pobres y mejora sustancialmente la calidad de vida de los más necesitados. Los números son impresionantes: no haber hecho la reforma con antelación provocó la muerte de 14.5 millones de niños, mantuvo a 261 millones en el analfabetismo y a otros 109 por debajo de los límites de la pobreza. El estudio lo acaba de publicar el Cato Institute de Washington y se titula El socialismo mata.

Los latinoamericanos deberían aprender de esta experiencia. No hacerlo, además de un crimen, es una estupidez casi perfecta. El ejemplo es muy claro: en la India ha habido dos grandes modelos de desarrollo. Entre 1947 y 1981 se ensayó la fórmula de la economía estatizada, dirigida por una enorme burocracia gubernamental, intensamente proteccionista, hostil a la empresa privada y a las inversiones extranjeras, convencida de las ventajas del desarrollo hacia dentro. El resultado de esa etapa socialista fue un crecimiento anual promedio de 3.5 que, cuando se descontaba el aumento de la población, quedaba reducido al 1.49.

Mientras los hindúes seguían esa senda socialista, tan parecida a los ensayos latinoamericanos, desde el peronismo hasta el chavismo, otros pueblos asiáticos –primero Taiwan, Corea del Sur, Hong-Kong, Singapur, luego Tailandia, Malasia e Indonesia– tomaron el camino contrario: abrieron sus economías, alejaron al gobierno del aparato productivo y fomentaron la iniciativa privada. En otras palabras, liberalizaron decididamente sus economías. Al cabo de apenas una generación, los resultados que exhibían eran pasmosos: disminución drástica de la miseria y la ignorancia, mejora en todos los índices de desarrollo humano y surgimiento de unos robustos sectores sociales medios.

Presionados por esa inocultable realidad, los hindúes hicieron su reforma y abandonaron las fallidas supersticiones del socialismo, primero tibiamente, y luego con mayor ímpetu comenzada la década de 1990, hasta llegar a convertirse hoy en un actor de primer rango internacional que compite en precio y calidad con la China, a la que comienza a disputarle la condición de gran fábrica del mundo. (No olvido la sorpresa de unos amigos que necesitaban contratar un servicio de ventas telefónicas en América Latina y acabaron pactando con la sucursal de una compañía hindú radicada en Cochabamba, Bolivia.)

Es importante que los economistas latinoamericanos saquen la cuenta de cuánto nos cuestan los experimentos socialistas en sangre, sudor y lágrimas. Cuánto han pagado y pagan los argentinos por los tercos experimentos del peronismo. Cuál fue la inmensa factura pagada por la sociedad peruana durante la locura de Velasco Alvarado, la nicaragüense con el sandinismo o Cuba con su medio siglo de estalinismo.

La medición podía hacerse a partir de la experiencia chilena: ¿qué hubiera pasado en toda América Latina si los pueblos de nuestra cultura hubieran hecho una reforma económica como la llevada a cabo por los chilenos, iniciada durante la dictadura de Pinochet, pero sabiamente mantenida por los gobiernos de la democracia? En 1959, por ejemplo, Cuba tenía un tercio más de ingreso per cápita que Chile y más o menos la misma población. Hoy Chile triplica el ingreso de los cubanos, su población es un treinta por ciento mayor, y el país sudamericano se ha convertido en la secreta meta y destino de miles de cubanos que han conseguido instalarse allí, incluidos unos cuantos hijos de la clase dirigente convencidos de que el barco de los hermanos Castro se va a pique a corto o medio plazo.

¿Somos capaces los latinoamericanos de aprender en cabeza ajena? Con algunas dificultades, parece que sí. Perú, por ejemplo, es hoy el país que más crece en el continente, y eso se debe a que, de manera creciente, los últimos tres gobiernos peruanos han tenido el sentido común de inspirarse en el vecino Chile y abandonar paulatinamente las viejas prácticas del socialismo estatista. Eso significa menos pobreza y mejores estándares de vida para la inmensa mayoría de la sociedad. Sin embargo, lamentablemente, la racionalidad sigue siendo un bien escaso en nuestro mundo. Mientras los peruanos, como los chilenos, se mueven en la dirección que dicta la experiencia, Hugo Chávez y sus cómplices del socialismo del siglo XXI reinciden en el disparate. Insisten en hacerles daño a sus conciudadanos, convencidos de que los guían en la dirección de la gloria. No se han enterado de que el socialismo mata.

Diciembre 18, 2009

Sin Complejos // Ignacio de León

Archivado en: Ignacio de León, USA, Venezuela — libertadyprosperidad @ 10:48 am
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El jueves pasado, Obama le dijo a sus paisanos negros lo que ningún presidente blanco se hubiera atrevido a decirles: que no tienen excusas para su fracaso, que la esclavitud de sus abuelos, la discriminación y la desigualdad aun existente en la sociedad norteamericana no justifican ni eximen a los negros de su responsabilidad para construir un futuro mejor para sus hijos.

“Quiero que aspiren a ser científicos e ingenieros, doctores y maestros, no sólo jugadores de basket o raperos. Quiero que aspiren a ser jueces del Tribunal Supremo o presidentes de Estados Unidos.” Fueron sus palabras. Balde de agua fría.

El discurso, fue pronunciado en Nueva York ante la poderosa Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color. Esta asociación, como muchas otras defensoras de minorías, ha entendido la igualdad racial como un infinito proceso reivindicativo en el que las instituciones que denuncian la supuesta injusticia obtienen estatus y poder a cambio de que las victimas prolonguen su condición de victimas, es decir un diabólico círculo vicioso. Algo así como la insólita automutilación que se infligen algunos mendigos para producir más lastima.

El relato viene a cuento por lo que nos afecta a los venezolanos, como grupo humano que ocupamos un lugar en este Planeta; o al menos creemos ocuparlo. Al igual que estas asociaciones revanchistas, nuestra psique social pareciera estar más pendiente de causar lástima y compasión justificar así el estruendoso fracaso social que somos. Preferimos cifrar nuestra esperanza en políticos que nos ofrecen formas más “justas” de repartir una riqueza colectiva (el petróleo), como si por origen tuviéramos derecho natural a un recurso en cuya producción no hemos tenido ni arte ni parte. Para abrazar este despropósito, auto mutilamos nuestra psique social negando la posibilidad a otros caminos de desarrollo: criticamos el capitalismo por “injusto” y atacamos la propiedad y criticamos el “egoísmo” de los empresarios, insistiendo en la necesidad de ajustarlos a una utópica y gaseosa “función social”. No vemos la evidencia que está ahí: pueblos enteros, de todas las culturas y latitudes, que han experimentado ese capitalismo que tanto criticamos, y que inexorablemente los ha sacado del atraso: La India, China, Taiwán, España, Portugal, Chile, Singapur, Malasia, Australia, Nueva Zelandia, y paremos de contar para no pasar por volteriano.

Por tanto, no es falta de gónadas; es falta de imaginación y profundo complejo lo que nos frena.

Ingenuamente creemos que este sistema socialistoide que hemos ido imponiendo los últimos cincuenta años en Venezuela, en el fondo es viable, si tan solo fuera instrumentado por “elites ilustradas”, en lugar de los chafarotes que gobiernan desde 1998. Por eso la oposición está más ocupada de atender encuestas, tapar huecos en las calles, y organizar futbolitos en los barrios, que en presentar a la Nación una propuesta de desarrollo capaz de hacernos crecer con equidad a no menos del 7% del PIB por año, sostenidamente por 30 años, cosa que nunca sucederá por la vía socialista, democrática o chafarota. La oposición cree que salir de este régimen es convenciendo a la gente de que somos mejores “gerentes” de esos recursos escasos que tenemos; nadie se plantea como romper el paradigma, y concebir las políticas públicas como instrumentos creadores de riqueza, en vez de repartidores de la renta petrolera. Entretanto, la población crece y los precios petroleros se estancan.

Por esta vía, seguiremos el camino de otros latinoamericanos, como los nicaragüenses, quienes llaman la atención por lo pintoresco de su chiche calambo, o los bolivianos por su baile de la mazorquita. Sera el aporte “fantástico” (léase, “fracasado”) de Amarantas que levitan en Macondo, o de sonoras guacamayas como Hugo Rafael. Nunca será el camino que nos hará producir un premio Nobel en física, medicina, o química por año; que reducirá de la pobreza de cuajo, que nos meterá en el siglo 21, sin complejos y sin propaganda.

¿Será que nunca pariremos algún político como Obama, que se atreva a decirnos lo que no queremos oír?

Diciembre 14, 2009

De la separación de poderes a la concentración de poder // Liliana Fasciani

Archivado en: Derecho y Legislación, Liliana Fasciani, Venezuela — libertadyprosperidad @ 1:58 pm
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La magistrada presidente del Tribunal Supremo de Justicia cuestiona el principio de la división de poderes aduciendo que “debilita al Estado”.  El magistrado Francisco Carrasquero asegura que “con excepción de las normas que garantizan los derechos fundamentales como el de la vida o la libertad personal, todas las demás disposiciones contenidas en la Constitución de 1999 pueden ser reformadas radicalmente, sin que haya que respetar ninguna doctrina o tradición”.  El Presidente de la República respalda estas afirmaciones y lanza una cruzada por un nuevo constitucionalismo “popular y revolucionario”.

Estas declaraciones anticipan una reforma constitucional destinada a suprimir el principio de separación funcional de los órganos del Poder Público para imponer en su lugar otro de corte absolutista que legalice constitucionalmente la concentración de todos los poderes en una sola voluntad.  Exactamente lo que, en su momento, advirtiera Montesquieu que debe evitarse, pues “cuando el poder legislativo está unido al poder ejecutivo en la misma persona o en el mismo cuerpo, no hay libertad… Tampoco hay libertad si el poder judicial no está separado del legislativo ni del ejecutivo. Si va unido al poder legislativo, el poder sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario, pues el juez sería al mismo tiempo legislador.  Si va unido al ejecutivo, el juez podría tener la fuerza de un opresor”.  Y Montesquieu agrega: “Todo estaría perdido si el mismo hombre, el mismo cuerpo de personas principales…, ejerciera los tres poderes”.

La debilidad del Estado de Derecho radica en que, al margen de lo establecido en la Constitución de 1999, el Presidente de la República concentra en su persona todos los poderes.  Si, por el contrario, se aplicase efectivamente el principio de separación de poderes, ocurriría que el Estado de Derecho se vería fortalecido por la independencia y la autonomía funcional de todos los poderes.

El principio de la división de poderes tiene por finalidad evitar que uno cualquiera de los órganos del Poder Público abuse de sus atribuciones.  Se trata, siguiendo a Montesquieu, de que “el poder frene al poder”. Y esto sólo se logra cuando todos los poderes se controlan mutuamente, de modo que en cuanto alguno exceda los límites que le establece la Constitución, los otros actúen como contrapeso y frenen los excesos de aquel.

La colaboración entre unos y otros consiste en que todos ejerzan sus funciones en forma coherente y ajustada a los preceptos constitucionales para mantener la integridad de la Constitución.  No se trata, entonces, de una colaboración en el sentido de ponerse de acuerdo para un fin determinado, como es el lamentable caso de los representantes de los poderes públicos en Venezuela, que se han puesto de acuerdo para violar sistemáticamente la Constitución en función de los fines que pretende el Presidente de la República de convertir al Estado democrático de Derecho en un Estado autocrático sin Derecho.

Lo que proponen los magistrados Morales y Carrasquero es conferirle a una sola persona, es decir, al Presidente de la República, todos los poderes del Estado para que gobierne, legisle, juzgue y penalice según su voluntad.  Esto sería un acto de servidumbre abominable que liquidaría definitivamente los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos. Aunque de hecho lo está haciendo sin control y sin límites, en contravención de los valores superiores y de los principios y normas constitucionales, con la infeliz anuencia y complacencia de la mayoría de los diputados de la Asamblea Nacional, de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, de los rectores del Consejo Nacional Electoral, de los representantes del Poder Ciudadano, del Contralor General de la República, de la Procuradora General de la República, de la Fiscal General de la República y de la Defensora del Pueblo.

La conducta de los mencionados funcionarios es la más clara evidencia de que en Venezuela no existe más el Estado de Derecho, pues todos ellos han delegado sus respectivas funciones en el representante del Ejecutivo, convirtiéndose, así, en meros mandaderos de las órdenes de éste.

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