Ideas de Libertad y Prosperidad

Agosto 25, 2008

Epilepsia // Ignacio de León

Archivado en: Ignacio de León, Política — libertadyprosperidad @ 5:36 pm
Tags: ,

La definición de la RAE nos indica que epilepsia es una “Enfermedad caracterizada principalmente por accesos repentinos, con pérdida brusca del conocimiento y convulsiones”. En política, los gobiernos se vuelven epilépticos cuando actúan guiados por encuestas en vez de principios. En estos casos, las agencias de publicidad, y las encuestadoras sustituyen los idearios políticos o teorías económicas.

Una evidente muestra de epilepsia es la reciente liberación de precios dictada por el gobierno presidido por Hugo Chávez. Este no sabe que hacer con los precios, si liberarlos o controlarlos. Sus principios le dicen que el control es la única forma de ordenar la economía conforme a los dictados de sus objetivos políticos. La dinámica de los mercados, obstinadamente, le dice lo contrario.  A una personalidad torva como la presidencial poco importa lo que piensen los otros, claro está, siempre que no ponga a riesgo la estabilidad de la silla presidencial sobre la que asienta su humanidad.

La liberalización de precios que hiciera el Presidente en días pasados pone de relieve un rasgo muy preciso de su táctica en la lucha por retener el poder: que esta dispuesto a sacrificar sus principios por sus objetivos. Lenin hizo exactamente igual en 1921 cuando la hambruna creada por su terca decisión de colectivizar la propiedad del campo, hizo que los campesinos abandonaran sus cultivos, lo que hizo colapsar la producción agrícola. Lenin aceptó a regañadientes la realidad de los hechos, y reintrodujo la propiedad privada, bajo la llamada Nueva Política Económica. Una vez restablecido el suministro de productos agrícolas, Lenin procedió a enviar los humildes granjeros, ahora convertidos por la propaganda soviética en “explotadores capitalistas del campo”, a grandes campos de aniquilación.

Venezuela 2008. Parece que enfrentado a la realidad de unos precios que han hecho colapsar la producción interna, y ante la imposibilidad cada vez mayor de abastecer el mercado venezolano con importaciones, Chávez se encontró ante la disyuntiva de acentuar el control, y hacer desaparecer los productos del mercado, o dejar libres los precios de algunos pocos productos de la cesta básica, para culpar a los empresarios “especuladores”, de los consecuentes incrementos que habría de producir la inflación causada por el gobierno durante más de tres años de precios controlados.

El mensaje es claro. El populismo gobierna por encuestas, no por principios. La creciente insatisfacción de los votantes del chavismo que no acompañarán a Hugo en futuras aventuras claramente esta demostrando la desazón que esta causando esta política económica. Si los partidos de oposición sabrán aprovecharse de esto, ofreciendo principios en vez de gobierno por encuestas, esta por verse. Pues igual que el gobierno, no han terminado de entender que la gente en este país ya se canso de los cálculos políticos guiados por encuestas, y espera resultados guiados por políticas fundadas en diagnósticos serios de la realidad.

Agosto 20, 2008

¿Cadenas verdes? // Rafael Rincón-Urdaneta

Archivado en: Ecología, Rafael Rincón-Urdaneta — libertadyprosperidad @ 9:30 am
Tags: , ,

Co je ohroženo: klima, nebo svoboda? (I / II)

¿Qué está amenazado, el clima o la libertad? Ésta es la interrogante que, en tono provocador, ha formulado al mundo el presidente de la República Checa Václav Klaus. Para responder a ella, Klaus ha publicado en 2007 un libro titulado Modrá, nikoli zelená planeta. Co je ohroženo: klima, nebo svoboda?. En diciembre de ese mismo año, el texto fue traducido al alemán bajo el título Blauer Planet in grünen Fesseln. Was ist bedroht: Klima oder Freiheit? (Planeta azul con cadenas verdes: ¿Qué está amenazado, el clima o la libertad?) y hasta hoy ya circulan, además de la checa, las versiones rusa, holandesa e inglesa.

Mi propósito es presentar, en dos entregas, algunas de mis coincidencias con las inquietudes „políticamente incorrectas“ de Klaus, a propósito de la manera en que la causa ambientalista, al menos en ciertos casos, ha venido traduciendo sus preocupaciones y propuestas en un conjunto de ideas y creencias irrefutables y, por lo tanto, perniciosas. En esta primera parte, postulo que la causa ambientalista, si desea ser útil a la humanidad, debe comprender que existe una inevitable tensión entre la consecución de objetivos de desarrollo económico y la conservación del medio ambiente. Siendo ineludible esta situación y absurdo el intento de frenar el desarrollo, hay dos caminos para enfrentarla: proponer soluciones inteligentes y planes flexibles y ajustables o convertir la causa ambientalista en una suerte de religión política no disponible para el cuestionamiento y la transacción. En este último caso, la libertad de las personas parece correr grave peligro.

-

En muchas compañías, y especialmente en aquellas cuyas actividades implican riesgos para la integridad física de las personas y para el medio ambiente, la relación entre el Departamento de Seguridad Industrial, Higiene y Ambiente (SHA) y el Departamento de Operaciones casi nunca es buena. De hecho, es habitualmente bastante mala y en ocasiones realmente inaguantable. Durante mis años de trabajo en la sección de SHA de una operadora alemana transnacional de exploración y explotación petrolera, pude constatar que la tensión interna entre el objetivo de producción y el de control de calidad de SHA es, no sólo muy fuerte, sino también inevitable. Y así debe ser.

Este mismo conflicto de intereses fundamentales, pero a escala diferente, se da también entre la propia empresa, por una parte, y las autoridades ambientales y la comunidad por la otra. Es decir, se produce otra tensión, esta vez entre los objetivos económicos de la compañía y el respeto a las leyes y a los principios éticos de conservación del medio ambiente.

Ahora bien, es infructuoso intentar escapar de este enredo y, de hecho, las mejores compañías lo enfrentan con gran habilidad. Una transacción exitosa entre ambos propósitos, en apariencia excluyentes, es perfectamente factible con una visión responsable y madura acerca del impacto de la actividad humana sobre su entorno natural y de las formas en que éste puede ser amortiguado, así como reparados los inevitables daños. Algunas ideas clave para poner los pies sobre la tierra respecto de esta cuestión son las siguientes:

  • El ser humano tiende a buscar su propio bienestar y el del grupo al cual pertenece, dando así sentido a su existencia. El bienestar humano no es fácilmente medible y su significado depende, tanto del contexto socio – cultural, como de las convicciones, deseos, talentos y proyectos de cada individuo. Pero aún así, el bienestar suele estar asociado, de una u otra manera, al enriquecimiento material y espiritual del hombre, en cuantía y calidad variables.
  • El enriquecimiento material y espiritual referido se busca mediante el ordenamiento, la disposición, la organización y el control de recursos y actividades para alcanzar determinados objetivos, que pueden ir desde la satisfacción de las más elementales necesidades biológicas hasta aquellas que están más allá de la mera supervivencia.
  • Los recursos disponibles (tiempo, materias primas, fuerza de trabajo, entre otros) deben ser administrados con cautela porque suelen ser – por no decir que siempre son – agotables. Los recursos naturales, en algunos casos abundantes y en otros muy limitados, además de materia prima y energía para la producción de los más variados bienes y servicios, son parte del ambiente que rodea y nutre la vida del hombre.
  • Cualquier actividad humana, irremediablemente y en mayor o menor medida, produce efectos positivos y negativos sobre el entorno natural. Estos efectos son evaluados de distinta manera por los afectados, quienes emplean parámetros moldeados por la cultura, las creencias y las ideologías. Pero más allá de ello, la gestión humana para la consecución de los objetivos que se plantean los individuos, las organizaciones y los países incluye, cada vez con mayor frecuencia y éxito, el cuidado de las fuentes proveedoras de recursos.
  • Una gestión carente de consideraciones para la preservación de tales fuentes e indiferente ante la salud de las personas es, lisa y llanamente, impresentable. Pero aún la mejor de ellas es incapaz de evitar absolutamente el impacto de las actividades humanas sobre el medio ambiente, por muy básicas e inocentes que éstas sean. Así, los esfuerzos deben estar orientados a tratar de reducir los riesgos y reparar aquellos daños que no han podido ser soslayados.
  • Toda gestión humana tiene costos; cuesta el maltrato del medio ambiente y cuesta su cuidado. Y estos costos no son simplemente monetarios. De manera que debe el hombre ocuparse de encontrar un equilibrio inteligente entre cuánto se invierte y cuánto se deja de ganar con el objeto de reducir los riesgos y efectos negativos de la actividad humana, por una parte, y las probabilidades y magnitudes de los eventuales daños, por la otra. De esta forma, aunque nunca es demasiado fácil, es posible obtener beneficios aceptables a un costo aceptable en un proceso susceptible de ajustes y reajustes, posibles gracias a su flexibilidad, a la experiencia ganada y la creatividad humana.

Estas ideas elementales son válidas para los individuos, las empresas, los países, la civilización humana. Así las cosas, tanto la actividad empresarial como la causa por la preservación del medio ambiente deben ser sostenidas y dirigidas con un enorme sentido de la responsabilidad. Ni las improvisaciones ni el fanatismo tienen cabida en esto.

En cuanto a la causa ambientalista, sus promotores deben observar con extrema atención todos y cada uno de los puntos anteriores y asumir con madurez su participación en el debate político, pues cada propuesta y cada acción tendrán consecuencias sobre los espacios públicos y privados; sobre personas y organizaciones con diferentes necesidades, proyectos y creencias. Y por ello las posibles soluciones deben ser planteadas inteligentemente. Las cuestiones ambientales, por su estrecha relación con las ciencias naturales, no pueden quedar a merced del fanatismo ni ser reducidas a eslóganes simples.

En el debate político – ambientalista las convicciones ideológicas tienen bastante menos utilidad que los hechos concretos. En los asuntos ambientales están involucradas las estadísticas, la física, la química, la biología, las matemáticas. Del uso de los datos científicos en el discurso político y de las acciones resultantes dependen decisiones importantes para la sociedad. Y una buena parte de los datos científicos relevantes corresponden a predicciones hechas sobre la base de modelos diversos, cada cual con debilidades y fortalezas y ninguno con garantía de infalibilidad. Este hecho no es trivial, pues la precisión de las predicciones sólo puede comprobarse en el futuro y las decisiones de hoy están sujetas a la probabilidad de ocurrencia de ciertos eventos. Y si la subestimación del impacto de las actividades humanas sobre el medio ambiente es peligrosa, sucede exactamente lo mismo con la sobreestimación. El discurso y el accionar político ambientalista, si es dogmático e irresponsable, si se asume a sí mismo como incuestionable, puede resultar en serias restricciones a la libertad y en un gran estorbo para el desarrollo socio – económico. Esta es una de las preocupaciones de Klaus y es lo que veremos en la próxima parte.

Agosto 18, 2008

Presidente: dogma versus eficiencia // Leonor Filardo

Archivado en: Economía — libertadyprosperidad @ 9:14 am
Tags: ,

Artículo publicado originalmente en El Universal, 18/08/2008

La eficiencia solo se logra aplicando políticas económicas como las de Hong Kong El Presidente en su alocución del 13-04-08 cuestionó la ineficiencia de su Gobierno para atender problemas prácticos del pueblo. Dijo: “debemos incrementar la eficacia” y anunció una misión para combatir la pobreza. Para financiarla solicitó aprobación de la Ley de Impuesto a la Ganancia Súbita de las Compañías Petroleras.

Tiene razón en reclamar eficiencia, porque en nueve años ha recibido más de $ 400 millardos de ingresos por exportaciones petroleras y endeudamiento, 32 veces el Plan Marshall, que en cinco años reconstruyó a Europa luego de la Segunda Guerra Mundial. Pero, repartiendo dinero no logrará su propósito.

Hong Kong

Para alcanzar la eficiencia hay que buscar soluciones prácticas y reducir la pobreza. La cuestión es eliminar el dogma filosófico de izquierda/derecha, analizar los países que funcionan y seguir su ejemplo. Aunque existen muchos países que pudiera citar, seleccioné el mejor calificado del mundo, según el Índice de Eficiencia Económica publicado por Heritage: Hong Kong, que ocupa el primer lugar de 157 naciones. El índice toma en cuenta factores que califica del 1 al 100. En todos ellos Hong Kong está muy bien ubicado: facilidad de establecer un negocio (los trámites se realizan en 11 días); comercio internacional (no hay aranceles y el comercio es libre); nivel de impuestos (el impuesto sobre la renta de personas naturales es entre 2 y 17%, o una tasa única de 16%, la que sea menor, y para las personas jurídicas, 17.5%); gastos del Gobierno en términos del PIB (15.2%); política monetaria y cambiaria, medida en términos de inflación (1.5% por su superávit fiscal y caja de conversión); tratamiento igualitario a las inversiones nacionales y extranjeras (no hay diferencias entre una y otra); funcionamiento del sistema financiero (es el octavo centro mundial, con reglas y supervisión transparentes); derecho de propiedad (el sistema legal protege fuertemente la propiedad privada, el cumplimiento de contratos y la libertad de intercambio); percepción de corrupción (tiene una de las mejores calificaciones, según Transparencia Internacional); mercado laboral (es de los más flexibles del mundo, no existen leyes protectoras de la vagancia, sólo se premia la excelencia, los méritos y la eficiencia).

El promedio de calificación de todos estos factores es 90,26. Pero, además, la infraestructura, los sistemas de transporte, salud y educación, son de los mejores del planeta. El Índice de Desarrollo Humano (expectativas de vida, educación, alfabetización, calidad de vida), lo ubica en la primera categoría.

Por el contrario, y esto reconfirma la apreciación del Presidente sobre la ineficiencia de nuestro país, Venezuela ocupa el lugar 148. La calificación económica es de 44,9 (estamos raspados). Somos uno de los países más ineficientes del globo porque establecer un negocio lleva 141 días; la inflación es la segunda más alta del mundo por el excesivo gasto fiscal; debido a la expansión monetaria, la moneda no tiene respaldo y hay un control de cambio que sólo genera mayores precios, ineficiencia y corrupción; la carga impositiva es de las más elevadas de la tierra. En inversión, sólo el Gobierno tiene la potestad de hacerla porque la empresa, privada nacional y extranjera, está amenazada por las estatizaciones. El sistema financiero es uno de los más intervenidos del orbe porque el Gobierno fija las tasas de interés y hacia dónde deben dirigirse los créditos, sin tomar en cuenta la productividad de los sectores. El mercado de capitales no existe porque los títulos son adjudicados por el Ejecutivo. El derecho de propiedad es frágil porque el Gobierno expropia y confisca violando la Constitución, y el Poder Judicial se hace el ciego y el sordo. Con este sistema de gobierno, Venezuela se convierte en uno de los países más corruptos al ocupar el lugar 162 en el Índice de Transparencia Internacional. El mercado laboral opera bajo regulaciones completamente inflexibles que entorpecen el crecimiento de la productividad. Todo ello hace que Venezuela ocupe la quinta categoría en desarrollo humano.

La eficiencia sólo se logra aplicando políticas económicas como las de Hong Kong. Pero el Gobierno se empeña en lo contrario al aprobar 26 leyes que conducirán a profundizar nuestros graves problemas de inflación, desempleo, pobreza, inseguridad y corrupción. Si los líderes políticos no aprenden que lo fundamental es sembrar el petróleo eficientemente, diversificando la economía, Venezuela se irá por un despeñadero

Agosto 13, 2008

¿Cómo llegamos aquí? // Hugo J. Faría

Archivado en: Economía, Hugo Faría, Venezuela — libertadyprosperidad @ 10:34 pm
Tags: , , ,

Artículo publicado en El Universal, 13/08/2008

Sugiero que restablezcamos el capitalismo salvaje en Venezuela

En la presentación del libro de mi buen y querido amigo Maxim Ross titulado “¿Capitalismo salvaje o estado depredador?” le escucho afirmar que en Venezuela no hemos tenido capitalismo y algunos empresarios acumulan riqueza a base de mercantilismo. ¡Bingo! Felicito a Maxim por la entereza de carácter necesaria para hacer públicamente estas afirmaciones.

Añadiría, sin embargo, que entre 1920 y 1957 Venezuela era de los países del mundo que más crecían. Tanto que para 1960 un trabajador venezolano en promedio ganaba más que un trabajador australiano, canadiense y suizo. ¿Qué nos pasó?

El gobierno de Pérez Jiménez estatifica la Cantv, funda Sidor y el Instituto Venezolano de Petroquímica hoy conocido como Pequiven. Establece el estado hotelero con la Conahotu y crea varios bancos de fomento regional. Estos eventos marcan nuestros primeros pasos hacia el socialismo en el siglo XX. A pesar de ello el crecimiento del ingreso real por habitante durante el período 1950-57 fue del 5.4% interanual, similar al de los milagros económicos asiáticos.

El gobierno del presidente Betancourt funda Cordiplan, una oficina de planificación central inspirada en el modelo soviético. Realiza una reforma agraria cuya retórica era la lucha contra el latifundio y a los nuevos “propietarios” le entregó títulos de uso. Le pone serios obstáculos a la inmigración europea que tanto bienestar nos ha proporcionado. Funda la OPEP, un cartel, crea la CVP y elimina la política de nuevas concesiones en el sector petrolero. (Para la época teníamos el 15% del mercado mundial petrolero, hoy tenemos menos de un 3%).

Las tasas impositivas a las personas naturales las triplica, incrementándolas del 12% al 36% e insertando numerosos tramos que hacían innecesariamente complejo el sistema tributario. El gasto público aumenta y disminuye el gasto en inversión. Devalúa el bolívar y establece un control de cambios. Finalmente, establece controles de precios sobre viviendas alquiladas, paralizando la producción de viviendas para alquilar y contribuyendo a la “ranchificación” del país.

El gobierno del presidente Leoni profundiza los controles de precios, afianza la política de sustitución de importaciones encarecedora de la vida, (mercantilismo), y fortalece los sindicatos propiciando el desempleo. El gobierno del presidente Caldera fundamentalmente mantuvo el status en materia económica. La tasa de crecimiento para la década de los sesenta promedió 1.74%.

El gobierno del presidente Pérez, estatifica al Banco Central de Venezuela el cual tenía una participación accionaria privada de un 49% y nombra a varios de sus ministros en el directorio del BCV. (Adiós a la autonomía del banco). Además estatificó el hierro y el petróleo, (más socialismo), comenzaron a aparecer las tribus judiciales, inaugura los decretos de salario mínimo inductores de desempleo e inicia las gavetas bancarias. Aumentó sensiblemente la deuda externa, (a pesar del boom de precios petroleros), aumentó el gasto público y comenzó a acelerarse la inflación. La tasa de crecimiento para la década de los sesenta promedió 0.76% negativo.

El gobierno del presidente Herrera aumenta la deuda externa e inicia uno de los procesos más nefastos para el bienestar de los pobres: el círculo perverso de devaluación e inflación. El gobierno del presidente Lusinchi recoge los vicios del pasado y quizás un elemento emblemático de su gobierno es la corrupción y la impunidad. Recordemos a Recadi. La tasa de crecimiento de la década de los ochenta promedió 1.88% negativo.

El segundo gobierno del presidente Pérez intenta corregir algunas de las distorsiones de nuestra economía. Lamentablemente perdió el apoyo popular fundamentalmente porque no dejó de atracar a la población con alta inflación y devaluación. Condición necesaria para ser popular es crecer con desinflación o baja inflación. Este es el caso de Reagan, Clinton, Ménem, Cardozo, Fujimori y ahora Uribe.

El gobierno del presidente Caldera vuelve a los controles y comete también el error político de no estabilizar los precios. La tasa de crecimiento durante la década de los noventa promedió 0.08% negativo.

En síntesis, durante estos años destruimos el capitalismo, contribuyendo sensiblemente al estancamiento crónico de la economía y por tanto propiciando el bien documentado aumento de los pobres, (el ingreso por habitante hoy es inferior al de 1957), y el surgimiento del gobierno del presidente Chávez. Es importante destacar que los pobres que votan por el presidente Chávez no los engendró él, los creamos en el pasado.

Con estos planteamientos deseo llamar a la reflexión. No tengo nada personal en contra de adecos, copeyanos y “empresaurios”. Pero como le escuché preguntar a Nicomedes Zuloaga, el 2 de agosto cumplió dos años en el cielo, “¿dónde está el arrepentimiento y propósito de la enmienda?”.

Sugiero que restablezcamos el capitalismo salvaje en Venezuela. Lo de salvaje, por cierto, es porque eleva salvajemente el ingreso de la población.

Blog de WordPress.com.