Ideas de Libertad y Prosperidad

Septiembre 29, 2008

Internet, Linux y el Libre mercado de ideas // Ernesto Soltero

Archivado en: Ernesto Soltero, Tecnología — libertadyprosperidad @ 12:43 pm
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El científico que busca ensanchar las fronteras de la ciencia, el misionero que se esfuerza por convertir a los infieles a la verdadera fé, el filántropo que tratade alimentar los sufrimientos de los necesitados…todos ellos procuran colmar su interés personal de acuerdo con sus valores. El interés personal no equivale al egoísmo miope.
Milton Friedman y Rose Friedman. Liberta
d de Elegir

A los izquierdistas les encanta el software libre.  Consideran que éste, al ser gratuito y sin fines de lucro, es una muestra de solidaridad socialista. Ante el ¿imperialismo? de Microsoft y Windows, responden utilizando Linux. Éste último Sistema operativo, Linux, tiene además la particularidad, de que puede ser modificado por cualquier usuario (siempre y cuando sepa de programación) alrededor del mundo, lo cual lo renueva constantemente.  Esto se traduce, según los izquierdistas, en un trabajo colectivo, y por ende, socialista.

Por otra parte, no son pocos los izquierdistas que simpatizan con la Internet por ¿socializar? el conocimiento, y hasta apoyan la creación de centros de navegación gratuitos, patrocinados por el Estado, para que todos tengamos acceso a la red. A esto sumemos la simpatía que muchos sienten por Wikipedia, una enciclopedia que al poder ser elaborada y corregida por sus visitantes resulta incluyente y no elitesca. ¿Son entonces Linux, Wikipedia y el mismo Internet un ejemplo de socialismo cibernético?. No precisamente, y veamos por qué.

El libre mercado de ideas

Hace casi 30 años el economista norteamericano Milton Friedman, junto a su esposa Rose, escribió el ya clásico libro Libertad de Elegir, basado a su vez en la serie televisiva del mismo nombre. Aparte de hablar de manera didáctica acerca del funcionamiento del mercado, Friedman plantea algo interesante: aspectos como el lenguaje, las artes o el conocimiento científico evolucionan y logran un orden gracias al intercambio voluntario entre millones de individuos, sin imposición de un organismo central, el mismo principio de funcionamiento de un mercado libre, sólo que en este caso no se trata de bienes, servicios o dinero, sino de ideas.

En el caso del lenguaje, por ejemplo éste posée un orden bien definido, contiene una serie de normas de pronunciación, ortografía y gramática producto de la interacción entre millones de individuos, y no de la planificación de algún organismo central. “La existencia de academias de la lengua sólo sirve para legitimar cambios incontrolables en el idioma”, dicen los esposos Friedman. Éste artículo que estoy redactando es, entonces, resultado de la relación entre millones de personas, incluyendo la mía, quienes sin ponerse de acuerdo, han creado, y enriquecido, un código de comunicación llamado “lengua española”.

En el caso de la música (que es otro lenguaje, aunque con otros significados) hay escalas, armonías, ritmos e incluso instrumentos propios de cada cultura, los cuales son producto del libre intercambio de ideas entre individuos. La música de la India, por ejemplo, es producto del libre intercambio de ideas entre individuos de esa región, y no de algún decreto que reglamentara la creación de una música diferente a la Europea. Sus reglas no fueron establecidas por algún gobierno central.

Pero no es acerca del idioma o las artes musicales que queremos hablar en este artículo, sino del software libre y la internet, y si algún ejemplo de Friedman se presta mejor a la comparación es el de la colaboración entre científicos. Los descubrimientos científicos son producto del aporte individual de cada científico, que busca satisfacer la necesidad de ensanchar las fronteras de su disciplina, y colabora con millones de científicos a nivel mundial mediante la publicación de sus trabajos y la lectura, el envío y recepción de documentos o la simple comunicación verbal. Esa colaboración es voluntaria, no es impuesta por un organismo centralizado, y busca satisfacer una necesidad personal que en este caso no es monetaria, e incluso, puede ser altruísta. ¿No se asemeja esto a los programadores de Linux o a quienes escriben en Wikipedia por voluntad propia?.

Internet y el modelo liberal

Internet es, de por sí, el mejor ejemplo de un modelo liberal de la comunicación. Es una red descentralizada, y no funciona mediante concesiones otorgadas por el Estado. Hay una libre circulación de información, la cual puede ser valiosa o puede ser una basura (cosa que también podemos encontrar en una biblioteca). Sólo en gobiernos totalitarios como el de Cuba, China o Corea del Norte el Internet es controlado por el Estado. En Venezuela la ley nos prohibe ver páginas para adultos en los cybercafé, pero aun somos libres de verlas en nuestra casa. El gobierno venezolano, por cierto, intentó hace algunos años, regular la superautopista de la información mediante la Ley Resorte, pués, en el Anteproyecto, incluía no sólo radio y televisión, sino a la “super autopista de la Información”.

Internet es un mar de conocimiento (para algunos con 2 centimentros de profundidad) pero esto tiene más que ver con una lógica liberal de libre intercambio de conocimientos que con políticas estatales socialistas para educar a las mayorías.  De ser internet socialista, sólo podriamos visitar portales con contenido ideológico marxista, y tendriamos que solicitar un permiso al gobierno para poder tener nuestra propia página web.  Probablemente no nos permitirían colocar portales hechos para el mero entretenimiento o salas de chat, por considerarlos banales y poco educativos. Internet sería utilitaria, aburrida, homogenea … totalitaria.

En conclusión

Ni Internet, ni Wikipedia ni Linux pueden ser considerados expresiones cibernéticas del socialismo, pues, más allá de la ideología que puedan tener sus creadores (especialmente en el caso de wikipedia y linux) el resultado es producto del libre intercambio de ideas, de la no intervención gubernamental, de la cooperación voluntaria y no impuesta entre individuos, por un interés personal.

No siempre el ser humano al satisfascer un interés personal busca satisfacer su afán de lucro, pués, todos tenemos intereses distintos, como por ejemplo el querer contribuir al progreso científico o la filantropía. Hacer una actividad de manera desinteresada en una estructura descentralizada, sin imposición ni planificación de un Estado centralizado, tiene más que ver con el liberalismo que con él socialismo, pués, pese a no existir lucro, los resultados son producto de la libertad.

Septiembre 27, 2008

De Roosevelt a Bush: Las crisis del intervencionismo estatal y las mentiras de sus propagandistas // Guillermo Rodríguez

Archivado en: Economía, Guillermo Rodríguez — libertadyprosperidad @ 6:24 pm
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“La destrucción del orden monetario ha sido resultado de una política perseguida deliberadamente por algunos gobiernos. El banco central controlado por el gobierno y, en Estados Unidos el igualmente controlado por el gobierno Sistema de la Reserva Federal son los instrumentos a los que se recurre en este proceso de desorganización y demolición”
Ludwig von Mises

La intelectualidad socialista en su esfuerzo des-informativo, sistemáticamente se dedica a calificar como fallos “del mercado” las consecuencias de las intervenciones estatales que a su vez  promueve contra el libre mercado.  Hoy nos hablan de una crisis del  “libre mercado” y del “capitalismo” como si las instituciones y políticas que han fallado notoriamente no fueran todas, sin excepción, producto del intervencionismo estatal sobre un mercado cada vez menos libre.  Es lógico que estén descorchando  champaña cuando el gobierno federal saliente en EE.UU. lanza un plan de destrucción económica sólo equiparable al “New Deal” de Roosevelt.  Ellos saben perfectamente que Bush es cualquier cosa menos un defensor del libre mercado, por eso les resultaba tan conveniente mentir calificándolo de tal.  Hoy les sale más rentable que nunca esa mentira.  Del mismo modo que saben perfectamente que el New Deal fue la causa, no la solución, de la gran depresión que extendió por más de una década una crisis de 1929 que ha podido solventarse en pocos años, pero nada les ha resultado tan rentable como la mentira mil veces repetida en ese punto.  Tanto que a decir verdad, algunos de los que la repiten, han terminado por creerla.

En occidente, las crisis cíclicas de expansión y contracción se pueden rastrear al menos hasta el siglo XV y XVI y están relacionadas con el entonces incipiente sistema bancario de reserva fraccionaria que hace del sistema financiero un peligroso castillo de naipes, así como con el incremento de circulante por el descubrimiento de nuevas minas de oro y plata… sólo que aquellas crisis se solventaban con rapidez al liquidarse malas inversiones por quiebras, y reorientaciones del capital; un nuevo tipo de crisis surgiría sólo en el siglo XX, por efecto de las nuevas y mayores intervenciones del Estado en el mercado.  El nuevo tipo de crisis empieza, para el caso de los EE.UU. que nos ocupa, el 23 de diciembre de 1913 con la Ley de Reserva Federal  que creo el modelo definitivo del banco central en la historia de los EEUU.  La historia de la Reserva será de inflación para financiar el creciente gasto gubernamental. Bajo la admnistración de Woodrow Wilson se empleara la expansión monetaria para financiar la Primera Guerra Mundial. Benjamin Strong, presidente de la Reserva Federal de Nueva York, entre 1914 y 1928 propugnaría inflar la oferta monetaria durante los ´20 para ayudar a Gran Bretaña, lo que generó las condiciones crediticias para una burbuja especulativa de proporciones nunca antes vistas que estallaría en 1929.  Dicha crisis sería enfrentada con una madeja de intervencionismo económico creciente por la administración de Herbert Hoover –un personaje muy parecido en la mitología intelectual socialista  (y en la realidad económica) al Bush de Hoy– entre 1929 y 1932 con lo que se entorpecieron los mecanismos de mercado para liquidar las inversiones fallidas y retomar el crecimiento.  Al alargarse la recesión por la política de Hoover, se dieron las condiciones para la elección de Roosevelt, que las llevaría hasta sus últimas consecuencias, acercando a los EE.UU. a un sistema de economía centralmente planificada manejada por monopolios de empresas estatales más de lo que nunca estaría en su historia… hasta ahora.

Los paralelismos son notables, pues con la caída de la Bolsa de Nueva York en 1929, una gran parte de activos de los bancos quedaron igual que hoy con un valor muy inferior al del crédito que respaldan.  La causa de principios del siglo pasado fue la liquidación de los préstamos a corredores  para adquirir acciones a precios inflados (con las propias acciones infladas como respaldo) y el detonante poco mencionado la quiebra del CreditAnstalt austriaco, que dejó sin valor los créditos de los bancos estadounidenses contra la economía alemana. Hoy la causa se encuentra en la liquidación de los préstamos para adquirir inmuebles con valores artificialmente elevados. En los 30, los políticos que deseaban intervenir con política evidentemente absurdas contaron con el prestigio intelectual de John Maynard Keynes para servir de base ante un público ignorante.  Hoy se han repetido esas políticas tantas veces y a lo largo de tantos años que ya casi nadie parece notar que son la causa y no la solución del problema. Y entre lo que de alguna forma las objeta, destaca por su influencia la Escuela de Chicago. Lo que ha sido casi tan malo como el propio Keynesianismo, pues aunque de Friedman quedara en Chicago la convicción de la superioridad del libre mercado, su comprensión del problema monetario puede terminar por coincidir con lo peor de las recetas Keynesianas a la hora de justificar lo que ahora se intenta, pues como explicó Melchior Palyi en The Twilight of Gold:

“Los monetaristas asumen que siempre existe gente solvente dispuesta a endeudarse. ¿Pero es cierto que siempre existen deudores elegibles? ¿Y qué sucede si los bancos y los potenciales deudores utilizan el nuevo crédito para amortizar sus deudas o para mejorar su posición líquida en lugar de para invertir y gastar? Esto es precisamente lo que sucedió durante la Gran Depresión.”

Friedman creía que el fallo de la Reserva Federal ante la crisis de 1929 fue no proporcionar la liquidez adicional para evitar las quiebras. Estaba equivocado, de hecho fue la liquidez incrementada por la Reserva desde 1913 la que permitió a los bancos conceder créditos respaldados por activos basura para comprar más activos basura, y eso, entonces como hoy, sólo se soluciona liquidando las perdidas, no financiándolas con más liquidez incrementada para evitarlas o estatizarlas al costo de más impuestos, recesión presente e inflación futura. Pero el actual presidente de la Reserva Ben Bernanke esta evidentemente convencido de lo mismo que Friedman, que la solución a la crisis es más liquidez para evitar quiebras. La causa real del problema propuesta como la solución es en lo que terminan por coincidir extrañamente Friedman, Keynes, Bush, Roosevelt y Bernanke, cada cual en diferentes circunstancias y por diferentes razones. La cosa es que eso ya se hizo, y la verdad, no solucionó el problema sino que lo extendió y agravó difiriendo la recuperación por muchos años. Además, la última vez que eso se hizo, el gobierno federal de los EE.UU. creó la mayoría de las empresas patrocinadas y agencias de regulación cuyos fallos –no los del mercado– crearon y están agravando esta crisis.


¿Fallos del libre mercado o del intervencionismo? Para muestra vasta un botón: Franklin D. Roosevelt al prohibir la propiedad privada del oro e implementar el New Deal, entre otras muchas empresas estatales fundó en 1938 una agencia federal llamada Federal National Mortgage Association (FNMA) a la que se suele llamar Fannie Mae con el objeto de transformar el mercado secundario de hipotecas de los EE.UU. en un monopolio del gobierno federal y usarlo para incrementar la liquidez abaratando el crédito hipotecario. La empresa fue trasformada en corporación privada en 1968, aunque siguió siendo una empresa patrocinada por el gobierno federal, que ya en 1970  introdujo en el juego la Federal Home Loan Mortgage Corporation (FHLMC) Freddie Mac, otra empresa patrocina por el gobierno federal para “expandir el mercado secundario de hipotecas” lo que significa inyectar liquidez y abaratar el crédito hipotecario. Las gubernamentalmente patrocinas Fannie y Freddy se dedicaron a comprar, empaquetar y vender al sistema financiero infinidad de hipotecas a valores inflados y otorgadas a personas incapaces de pagarlas, con lo que estalla la crisis hipotecaria que pone en tela de juicio gran cantidad de activos bancarios –respaldados por dichas hipotecas–  el castillo de naipes se derrumba dejando a la vista la amenaza del valor de los activos –que no se limita a las hipotecas– cuando queda en evidencia como las empresas calificadoras de riesgo han calificado de buenos riesgos activos basura… ¿sólo las hipotecas o algunos otros? La pregunta es tan lógica y obvia como aterradora porque desconocemos la magnitud de la respuesta.

El problema de la calidad de los activos sobre los que se otorgan los créditos, que es el reverso de la calidad de las inversiones para las cuales se otorgan, son cosas que suelen quedar fuera de las ecuaciones de los economistas matemáticos. Quizás sea por eso que en la antípodas teóricas monetaristas y keynesianos lo pasan por alto casi igual, pero el caso es que es si la inyección de liquidez excedentaria es la bomba de tiempo, en el mercado en se concentre el problema “subprime” es dónde empezará a su tiempo la explosión. Y en esta oportunidad la espoleta de la bomba financiera la montó diligentemente la administración Clinton en el mercado de hipotecas. En 1999 sólo había que leer la prensa –incluso la prensa más afín al partido de Clinton– para entender que a la bomba inflacionaria que se había montado desde Roosvelt, y se había agrandado “corriendo la arruga” al salir de cada crisis con inyecciones de nueva liquidez y una deuda creciente, finalmente le habían puesto la espoleta de tiempo que la detonaría una década después: “…ayudar a que las minorías y la población de menores ingresos se hagan de una casa, Fannie Mae Corporation planea reducir los requerimientos crediticios que le pide a la banca al momento de comprarle su cartera hipotecaria”. (…) “busca incentivar a los bancos a que concedan préstamos hipotecarios a personas a las que su historial crediticio no les permite obtener préstamos convencionales”. (…) “el suscriptor de préstamos hipotecarios más grande del país, se encuentra presionado en gran forma, por un lado, por la Administración Clinton, que insiste en que aumente su cartera de colocaciones hipotecarias entre los grupos de menores ingresos.” (…) “…los bancos, las instituciones de ahorro y crédito y las compañías de préstamos hipotecarios también presionan a Fannie Mae para que los ayude a otorgar cada vez mayores préstamos a personas de alto riesgo crediticio (“subprime borrowers”). Los ingresos, el historial de crédito y los niveles de ahorro de estos deudores les impiden acceder a préstamos hipotecarios convencionales…” (…) “’Fannie Mae ha logrado que millones de hogares accedan a la casa propia al reducir los requerimientos del depósito inicial’, afirma su presidente, Franklin D. Raines.” (…) “Este nuevo segmento crediticio [los clientes ‘subprime’] lleva a Fannie Mae a que asuma un progresivo riesgo, el cual no presenta problemas en épocas de crecimiento económico. Sin embargo, podría encontrarse en graves apuros cuando los vientos cambien, obligando al gobierno a emprender un rescate financiero, como el de los bancos de ahorro y préstamos en los noventa”.

El secretario de vivienda y desarrollo urbano de Clinton, Andrew Cuomo, ordenó investigar a Fannie Mae por discriminación racial y propuso que el 50% del portafolio  de Fannie Mae’s y Freddie Mac’s fuera de hipotecas otorgadas a personas de ingresos medios y bajos preferentemente de minorías en el año 2001.  Al iniciarse la administración Bush el economista jefe de la Casa Blanca N. Gregory Mankiw, advirtió que el subsidio federal implícito a Fannie Mae y Freddie Mac, combinado con la creciente cantidad de préstamos a personas no calificadas que favorecía representaban un enorme riesgo para la totalidad de sistema financiero. Es bueno recordar que desde 1992 la mayoría demócrata del Congreso había presionado a  Fannie Mae y Freddie Mac hacia la compra de hipotecas “subprime” para comprender porque aquellas declaraciones fueron  “denunciadas” por diputados demócratas como un asalto republicano contra los viviendas de los pobres”. La sorpresa política fue que la administración Bush decidió en realidad mantener intacto el populismo hipotecario de Clinton hasta sus últimas consecuencias. Suponiendo que le saldría tan bien como a Clinton el que aquellas no llegaran durante su administración sino en alguna siguiente, pero no fue así. El 7 de septiembre del 2008 la FNMA fue completamente re-estatizada junto con la FHLMC. Lo que coloca al gobierno federal de EE.UU. en el 2008  aproximadamente en la misma situación de 1938 en el mercado secundario de hipotecas, y según lo que declaran sus voceros, con el mismo objetivo de ampliar la liquidez para el mercado a través del gasto federal en la compra de hipotecas (entre tanto, las hipotecas infladas que sirvieron de combustible al incendio financiero serán compradas –muy por encima de su valor actual de mercado para salvar a quienes mal invirtieron en ellas– por el gobierno federal mediante otras nuevas o viejas agencias, con toda la discrecionalidad, corrupción que semejante operación implica) Si parece que “la serpiente se muerde la cola” es porque la serpiente en efecto se la muerde. Claro que ahora la serpiente estatista se traga también bancos de inversión quebrados como Lemman Brothers y aseguradoras como AIG… y me temo que esto apenas empieza.
Para inyectar liquidez se debe, entre otras cosas, bajar la tasa de interés. Y para salvar a los bancos en los ’30 se recurrió a la especulación con bonos del gobierno que sirvieron para cambiar los activos depreciados por algo que debía subir de precio –y mucho– al bajar la tasa de interés e inyectarse más liquidez al sistema, sólo que en aquellos tiempos de patrón oro la gente aún podía recurrir al metal  dorado para protegerse y con tales atesoramientos subía nuevamente la tasa de interés, por lo que La administración Roosevelt simplemente confiscó el oro de sus ciudadanos y penalizó la tenencia con diez años de cárcel, lo que garantizó una especulación en el mercado de los bonos gubernamentales diez veces mayor que la de la bolsa antes de 1929 y permitió así la recapitalización artificiosa de los previamente muy mal manejados bancos.


Hoy ya no hay patrón oro, lo empezó a eliminar Roosevelt y completó el trabajo Nixon; y el dólar tiene signos de estar declinando como principal divisa internacional tal como declinaba la libra en las primeras décadas del siglo pasado. Y lo que al final se propone la administración Bush es cambiar los activos financieros de valor inferior a los prestamos que deberían garantizar, por deuda gubernamental que facialmente lo garantice plenamente en las carteras de los bancos.  Las políticas que crearon y agravaron la crisis de 1929 y la del 2008 se parecen asombrosamente, no es de extrañar que se parezcan pues las dos crisis, ni que lo que pase en adelante sea también muy parecido a lo que pasó entonces. Al final el gran problema es que salvar de la quiebra con el dinero del gobierno –que no lo olvidemos, es el que sale de los bolsillos de la población a la fuerza, por medio de impuestos, inflación o las dos cosas– no es otra cosa que premiar el manejo financiero irresponsable de unos poco –protegiendo sus ganancias– a costa del valor de los ahorros y del trabajo futuro de todos.  Eso fue lo que produjo una recesión prolongada en los años ´30 y eso es lo que puede producir otra ahora. Obviamente es difícil para los políticos aceptar que la solución sea “no hacer nada” y permitir que quiebren bancos y empresas que manejaron mal su negocio, llevándose con ellos algunos ahorros e inversiones de la parte del público que cometió el error de invertirlos en aquellos y dejando sin empleo temporalmente algunas personas. Y tienen un único punto a su favor, el riesgo de que bancos e instituciones financieras cuyos préstamos e inversiones estén razonablemente respaldados –no por activos basura sino sólidos– colapsen en una crisis de confianza en un sistema de reserva fraccionaria es real. Pero eso no es razón para que los responsables de la crisis –políticos, burócratas, financistas e inversionistas– sean salvados de los resultados de sus malos manejos con cargo a los bolsillos de quienes manejaron más prudentemente sus finanzas, y que en tal proceso crezca y se fortalezca el modelo de gobierno multipropósito desmesurado a cargo de mafias mercantilistas burocráticas y políticas que fueron y serán las causantes –y al mismo tiempo las beneficiarias– de muchas pequeñas y alguna otra gran crisis, antes ahora y en el futuro. Aunque al final eso es lo que pasó en la gran crisis del siglo pasado, y lo que está pasando en esta.

Septiembre 24, 2008

Algunas Precisiones // Hugo J. Faría

Archivado en: Hugo Faría, Política, Venezuela — libertadyprosperidad @ 3:25 pm
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Mi artículo titulado “¿Cómo llegamos aquí?” del pasado 13 de agosto, lo calificaron algunas personas amigas como falto de balance por no haber señalado más fallas de los gobiernos copeyanos en materia de destrucción de la institucionalidad capitalista. Me indicaron que el nombramiento de los jueces a través del Consejo de Judicatura, creado durante el primer gobierno del presidente Caldera, contribuyó a la politización del Poder Judicial y a la eventual aparición de las tribus judiciales. Esta última observación crítica es cierta y la acepto.

Sin embargo, ni el objeto ni la intención del artículo era poner de relieve quién causó más estragos en materia económica, si los gobiernos adecos o copeyanos. (Otros me señalaron que debí mencionar la desregulación de precios que ocurrió durante los dos últimos años de la segunda presidencia de Caldera). El objetivo, es percatarnos de los numerosos errores que cometimos en materia de política económica, como un primer paso hacia la rectificación, y abrir la posibilidad de hacer planteamientos en materia económica no socialistas ni mercantilistas ante los venezolanos.

No hay aceptación de los errores, ni responsabilidad personal por las decisiones adoptadas. Hace unos tres años hice una presentación en el CEN de AD donde también estaban líderes de Copei. Todos reaccionaron arrogantemente negando la evidencia mostrada. El amigo que me invitó me dijo resignadamente, tenemos que arar con estos bueyes porque son los que tenemos.

La reacción primaria de las personas es a no reconocer errores. De acuerdo al relato del Génesis ni Adán ni Caín reconocieron inmediatamente su falta cuando fueron interrogados por Dios. Por el contrario, Juan Pablo II pidió perdón en Israel y Benedicto XVI en Estados Unidos, lo que sugiere que para reconocer fallas se requiere de una gran calidad humana.

“Socialismo light” Pareciera, quizás con la excepción de Julio Borges, que la oposición lo que desea es “socialismo light” y no el socialismo duro que propone el Gobierno. Pero con “socialismo light” (y su primo hermano el mercantilismo) nos empobrecimos, el ingreso real por habitante hoy es inferior al de 1957. Es decir, si no reconocemos que el socialismo y mercantilismo del pasado, en un entorno de libertades políticas y civiles, fue un factor decisivo en la aparición de los pobres que posteriormente votaron y votan por el presidente Chávez, ¿qué les puede ofrecer la oposición en materia económica a los pobres del país? ¿Le puede prometer, por ejemplo, la devolución de las empresas del Estado, de la renta petrolera, libertad monetaria, abaratamiento del costo de la vida por la eliminación gradual de las barreras al comercio internacional y de las licencias de importación, erradicación de los controles de precios para reducir la exclusión?

Los críticos también objetaron que no reconocí en general el aporte de AD y Copei a la institucionalidad democrática y a Betancourt en particular como padre de la democracia. Aprovecho la crítica, sin embargo, para señalar que sin propiedad no puede haber libertad. La libertad económica es condición necesaria de la libertad política.

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos”, escribe Cervantes. Dios nos da la libertad, pero lo que permite ejercer la libertad para pensar e incluso para desviarnos del plan trazado por Dios es que somos dueños de nuestros pensamientos y de nuestro cuerpo.

“Mutatis mutandi”, sin propiedad ciudadana no pueden existir en forma permanente libertades políticas y civiles. La piedra angular de la democracia es que el gobierno dependa económicamente de los ciudadanos. Cuando los gobernantes se independizan económicamente de los ciudadanos concentran demasiado poder y la democracia se disipa. Este es parte el problema con las estatificaciones de empresas y particularmente las del petróleo.

Destrucción Cuando los gobiernos de AD y Copei impulsaron la creación de empresas del Estado y estatificación de las existentes en petróleo y hierro, comenzaron a sembrar la destrucción de su principal aporte al país que es la democracia. Los otros errores tenían en común que eran ataques contra la libertad económica y, por tanto, minaban la democracia. Los controles de precios, cambio, tasas de interés, gavetas bancarias, inflación, devaluación, aranceles, licencias de importación, complejidad tributaria, endeudamiento innecesario, salarios mínimos, fundación de la OPEP y Cordiplan, tribus judiciales, son todas violaciones del derecho básico y fundamental a la libertad de contratación y/o confiscación del esfuerzo ciudadano.

Este análisis recoge, en mi opinión, el problema central del país. Atacamos al presidente Chávez, pero no atacamos las causas económicas que lo originaron. En consecuencia la oposición no tiene legitimidad ante los ojos de muchos venezolanos porque pareciera que fundamentalmente lo que desea es el poder, sin resolver el problema de fondo que es nuestra incapacidad para acabar con la pobreza.

Septiembre 23, 2008

La culpa no fue de Milton sino de Alan // Ignacio de León

Archivado en: Economía, Finanzas, Ignacio de León — libertadyprosperidad @ 7:53 pm
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En estos tiempos de crisis financiera estadounidense, que ya amenaza con ser mundial, muchos anti-liberales se sienten reivindicados en sus creencias ideológicas. Con actitud de “te lo dije”, pontifican sobre la necesidad de aplicar severos controles financieros, para someter a los banqueros de Wall Street, cuya codicia desaforada llevó el mundo a una crisis de proporciones semejantes a la de 1929.

Uno de nuestros pontífices locales, Teodoro Petkoff, comentaba socarronamente la semana pasada en el programa “Buenas Noches”, que Milton Friedman, profesor de la Universidad de Chicago recientemente fallecido e icono del neoliberalismo debía estar “revolcándose en su tumba”, viendo cómo esta oleada de intervención estatal directa sobre entidades financieras como AIG, Fannie Mae, Freedie Mac, y un largo etcétera, hacia trizas el modelo capitalista de producción.

Esta opinión, ya convertida en el consenso de los medios de comunicación, desde la BBC hasta TAL CUAL, como es natural enfatiza lo noticioso del escándalo financiero, por lo cual termina tomando el rábano por las hojas, y solo apela al recurso fácil, esto es, culpar de todo a la codicia de los banqueros de Wall Street. Esta versión periodística apenas nos cuenta 15% de la verdad, si tenemos en cuenta que esta crisis se comenzó a gestar hace 7 años, el 11 de septiembre de 2001, con el ataque terrorista a las Torres Gemelas; no desde que se comenzó a hablar de ella a mediados de 2007, con la caída del dólar frente al Euro.

El ataque terrorista sobre el icono del capitalismo financiero de Wall Street, se sumaba peligrosamente a la crisis de las dot.com de comienzos de década, amenazando los Estados Unidos con hacerla entrar en una recesión. Esto hizo sonar las alarmas del Banco Central de los Estados Unidos (el Federal Reserve, o “FED”). Entonces, el FED estaba presidido por aquel viejito poco hablador pero muy comunicativo, Alan Greenspan, quien ahora, luego de retirado, anda pontificando (¡otro pontífice!) por el mundo sobre como manejar un banco central, a 30 mil dólares por conferencia, posiblemente deseando que la gente pase por alto que el fue el padre de este Frankestein con apellido keynesiano.

Si, keynesiano. Porque gracias al desespero de Greenspan, el FED se dedicó a bajar las tasas de interés, ejecutivamente (por decreto), de 6.5% a 1% en apenas dos años, y las mantuvo en estos niveles hasta Junio de 2004, tiempo mas que suficiente para armar esta debacle financiera. Dentro del más puro catecismo keynesiano, Greenspan buscaba abaratar el crédito para reanimar la economía norteamericana. La nostalgia de los buenos años de Clinton y el susto por una recesión impulsada por el terrorismo, hizo que el establishment conservador (no liberal), de G.W. Bush, apelara al gasto público, y al dinero artificialmente barato, para promover el crecimiento económico amenazado.

Pues bien, el keynesianismo del FED y de la Casa Blanca impuso tasas artificialmente reducidas por seis largos años y un déficit fiscal de proporciones siderales. ¿Qué se esperaba de los bancos y otras entidades financieras? ¿Qué no usaran un dinero regalado que el gobierno federal les estaba ofreciendo precisamente, para ser colocado en el sistema financiero? En 2002, el mercado hipotecario era una oportunidad dorada para inversiones fáciles; en diez años, el precio de la vivienda se duplicó en EE.UU. en términos reales. ¿Qué hubieran dicho de los banqueros entonces si se hubieran abstenido de invertir en una industria naciente, con semejantes tasas de retorno?

De hecho, quienes ahora claman por establecer controles gubernamentales a la codicia de Wall Street hubieran sido tomados por locos en 2003 o 2004 de haber planteado algo similar. Pues hubiera sido un contrasentido restringir las mismas operaciones que se querían estimular, en aquellos tiempos felices, cuando solo se hablaba del crecimiento de la economía norteamericana con baja inflación. La gente se acuerda de la resaca luego de la fiesta, no durante la fiesta.

¿Que hubo irresponsables que prestaron dinero sin garantías hipotecarias? Por supuesto. ¿Cómo no haberlo? Cuando el dinero es barato, los bancos están ahítos de dinero que deben colocarlo como sea. Pues si no lo hacen ellos, lo hará la competencia, quedándose con el mercado. Y cuando hay un mercado por atender, se busca el dinero de donde venga. Eso fue lo que indujo a la titularización de hipotecas en títulos MBS (mortgage backed securities), para combinar buenas hipotecas “prime” con hipotecas malas “subprime”, estas ultimas aprobadas a deudores “ninja” (no-income, no-job, no-assets), es decir, a deudores a punto de caer en morosidad.

En otras palabras, un mercado dopado por dólares baratos hizo que los banqueros se embarcaran en una loca carrera por prestar ese dinero inesperado a como diera lugar, a quien fuera, aunque no tuviera garantías reales. En un mercado apalancado por el FED hacia el alza, ¿quien iba a ser el aguafiestas en llamar a la prudencia? Total, si los activos adquiridos con esos prestamos subían de precio, eso era suficiente garantía. Nadie reparó en que la fiesta se acabaría al terminarse el ron. Cuando se hizo necesario rescatar el dólar en su caída frente al Euro, se hizo necesario subir las tasas de interés hasta llevarlas a 5.25% en septiembre de 2007. Se acabó el dinero barato; los precios de las viviendas comenzaron a estancarse, y el mercado de valores, a tambalearse. Luego de la volatilidad del último año, finalmente sobrevino la debacle.

El consenso keynesiano en política monetaria no es casual. Este enfoque trasunta la cabeza de todo banquero central, quien cree que sabe mejor que nadie cuanto dinero debe aceitar el sistema económico, independientemente de si ese dinero efectivamente existe o no. Incluso, cree que sabe más que la gente misma, que es en definitiva quien pone ese dinero en el sistema, con sus decisiones de consumo o, alternativamente, de ahorro.

Esta concepción keynesiana de los problemas monetarios, adquirida desde la mas tierna infancia profesional (esto es, la universidad) lleva a pensar que la economía deprimida se puede revivir con inyecciones de dinero ficticio, que no es producto del ahorro real de la sociedad, sino de las manipulaciones del gobierno sobre las tasas de interés, o sobre la cantidad de papel moneda que inyectan a la economía. De esta manera, igual que los alquimistas de la Edad Media, los keynesianos creen que pueden convertir en oro algo que no lo es. El resultado: Estallan las economías y luego todos nos preguntamos, ¿quién tuvo la culpa de todo esto?

Desde luego, sujetos como Richard Fuld, presidente de Lehman Bros. entre 1993 y 2007, quien en apenas unos meses fulminó una institución de de 158 años, luego de ganar un sueldo de 45 millones de dólares, solamente el año pasado, merecen la burla colectiva, por decir lo menos. Teniendo en cuenta estos números, Nicholas D. Kristof, columnista de NYTimes recomendaba (17 Sept.) a Lehman Bros. contratar su nuevo presidente con un aviso de prensa que dijera: “¿Buscas empleo? Te ofrecemos 17.000 dólares por hora. No necesitas experiencia.”

Sin embargo, más allá de sus mordaces observaciones los periodistas deberían abandonar el recurso fácil de atribuir todos los males nos vienen de la codicia o la estupidez humana, y preguntarse si estas cosas sucederían, de no haber siempre detrás ellas un político-banquero central como Alan Greenspan dispuesto a apalancar estas idioteces con dinero ajeno.

Puede que Milton Friedman se esté revolviendo en su tumba, de la risa, viendo las interpretaciones a una crisis creada, y ahora criticada, por estos pensadores keynesianos.

Septiembre 20, 2008

Recesión, capitalismo y socialismo // Guillermo Rodríguez

Archivado en: Economía, Guillermo Rodríguez — libertadyprosperidad @ 7:27 pm
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Recesión, capitalismo y socialismo

Por Guillermo Rodríguez G.

Si podemos evitar que el gobierno malgaste la labor de la gente bajo la pretensión de ayudarla, el pueblo será feliz.

Thomas Jefferson

Los socialistas están prediciendo el colapso inminente del capitalismo en cada crisis recesiva desde antes que Marx y Engels lo hicieran en el Manifiesto Comunista del siglo antepasado… y entre tanto lo único que ha colapsado en una crisis económica fue el imperio socialista soviético… no es algo nuevo que lo hagan ahora, ni será nuevo el fracaso de tales predicciones, como no lo será el que casi nadie de ello saque las conclusiones pertinentes.

Lo que si es un asunto serio y notorio aún antes de la muy noticiosa quiebra de Lehman Brothers en septiembre del 2009, es que el mundo… o al menos una buena parte de él (no sólo los EE.UU) está entrando en un período de recesión económica que pudiera ser muy severa –aunque eso aún está por verse– entre otras cosas porque coincide el momento con una evidente declinación del dólar de los EE.UU. como principal divisa internacional, nada nuevo en realidad pues ya se ha visto mucho tiempo atrás con la declinación de la libra esterlina de aquél mismo papel. El punto es que una recesión no es más que un ajuste inevitable de un periodo de crecimiento que se basó en gran parte en la inyección artificial de circulante sin respaldo por parte de los gobiernos. Los gobiernos hacen eso para aumentar su capacidad de gasto y el consecuente incremento de los precios que sigue al que se ponga en circulación mucho más dinero sin que previamente se incrementara la producción de bienes y servicios es algo que el común de las personas parecerían comprender… aunque en realidad no sea así. Pero el problema de fondo es que la inflación es un fenómeno mucho más complejo, insidioso y pernicioso que el simple y visible aumento de precios, porque el exceso de circulante permitirá casi siempre financiar por la vía del abaratamiento del capital nuevas inversiones que responderán a las oportunidades de demanda nueva creadas… pero, y es el gran pero, tales oportunidades dependen de que se siga inyectando más y más circulante inorgánico, que seguirá impactando los precios y desviando las inversiones de capital hacia inversiones erróneas y especulaciones financieras no menos erróneas… eventualmente algo disparará las alarmas y la reducción de la demanda junto con la restricción del circulante –o de no restringirse con la desaparición del valor de la moneda en hiperinflaciones– no sólo detendrá la escalada de precios, sino que dejará a todas las inversiones y especulaciones sin demanda como perdidas netas de capital… con los consecuentes problemas humanos que la destrucción neta de capital produce en una sociedad.

Mientras más rápido y libremente se reorienten los recursos materiales y humanos más pronto y con menos sacrificios se saldrá de una recesión, y mientras más pronto se detenga la emisión inorgánica menos profunda será ésta… el mayor problema es que la enorme serie de regulaciones estatistas que entraban las economías del mundo que denominamos desarrollado impiden lo primero tanto como en el llamado sub-desarrollado. Y la tendencia de los gobiernos a estirar la arruga subsidiando mediante nuevas emisiones inorgánicas más y más a los capitales involucrados en malas inversiones y peores especulaciones impide lo segundo igualmente. Irónicamente es la intervención gubernamental irresponsable que impide al mercado libre operar la que causa y agarba las recesiones que muchos grandes beneficiarios financieros personales de ese estatismo denominas “fallas del mercado”.

Aunque la emisión inorgánica termine por producir serios problemas de solvencia en el sistemas financiero (eso y no otra cosa es la crisis “subprime”, Lehman Brothers, etc.) y por llevar a la quiebra las inversiones que a su amparo se realizaran, no deja de ser curioso como se la ha intentado revestir de un manto “científico” de seudo-legitimidad desde el primero tercio del siglo pasado, cuando tan sofisma interesado –y mil veces repetido bajo otros nuevos mantos– se inició con la irrupción del Keynesianismo que logró dotar de una justificación aparentemente científica tradicionales políticas fiscales, irracionales y empobrecedoras al mediano y largo plazo; pero capaces de producir resultados de aparente prosperidad en el corto plazo. Así se legitimó un tipo de política de gasto público inevitablemente deficitario, para la promoción artificiosa de actividades escasamente eficientes, con cargo a la hacienda pública, Política fiscal desesperada, que disfrazada de política monetaria novedosa, medida en términos de capital político resultó de bajo costo y alto impacto. El retraso de unas economías irremediablemente asfixiadas en el agravamiento recurrente de los estancamientos –que se intentaba combatir– en los casos relativamente leves; y la destrucción del tejido económico, la descapitalización extrema y el empobrecimiento generalizado de las espantosas hiperinflaciones, es lo que ha dejado la aplicación de la Teoría General, en la formulación de políticas públicas. Sin dejar de lado que dichas políticas en realidad se pueden documentar, con detalle, –junto con sus funestas consecuencias– al menos desde el imperio romano. Pero la diferencia notable será que antes del Keynesianismo, se habían considerado siempre vicios del gobernante. Ya en 1609, Juan de Mariana calificaba de tirano al gobernante que aplicara tales políticas, como explica Jesús Huerta de Soto:

“…obra esencial de Mariana es la publicada en el 1609 con el título De monetae mutatione, posteriormente traducida al castellano con el título de Tratado sobre el discurso de la moneda de vellón que al presente se labra en Castilla y de algunos desórdenes y abusos. En este notable trabajo Mariana considera tirano a todo gobernante que devalúe el contenido de metal de la moneda, imponiendo a los ciudadanos sin su consentimiento el odioso impuesto inflacionario o la creación de privilegios y monopolios fiscales. Mariana también critica el establecimiento de precios máximos para “luchar contra la inflación” y propone la reducción del gasto público como principal medida de política económica para equilibrar el presupuesto.” [1]

Y es sólo a partir de Keynes que se las dota de una teoría económica que más que justificarlas, las legitima, al punto de recomendarlas. El keynesianismo adoptó las premisas deterministas del marxismo sobre las crisis cíclicas del capitalismo. Mismas que en realidad originaban las manipulaciones monetarias y agravaba la deficiente –en el sentido de inadecuada, aunque no necesariamente de poco fuerte– institucionalidad. Y recetó la causa de la enfermedad como tratamiento. Y en cierto sentido lo hizo así porque consideró la enfermedad incurable. El problema no está tanto en las deficiencias científicas del Keynesianismo, como en los incentivos políticos para adoptarlo y defenderlo que naturalmente tenían gobernantes y académicos. No se le escaparon a Lenin –ya para 1920– los beneficios que de las ideas de Keynes obtendría el movimiento comunista internacional en general; y la Unión Soviética en particular:

“Keynes declara que los ingleses, para proteger su vida, para salvar la economía inglesa, deben conseguir ¡que entre Alemania y Rusia se reanuden las relaciones comerciales libres! Pero ¿cómo conseguirlo? ¡Anulando todas las deudas, como lo propone él! Esta es una idea que no pertenece sólo al científico economista Keynes. Millones de personas llegan y llegarán a esta idea. Y millones de personas oyen declarar a los economistas burgueses que no hay más salida que la anulación de las deudas… Pienso que se debería enviar en nombre del Congreso de la Internacional Comunista un mensaje de agradecimiento a estos economistas que hacen agitación en favor del bolchevismo. Si, de una parte, la situación económica de las masas se ha hecho insoportable; si, de otra parte, en el seno de la ínfima minoría de los países vencedores omnipotentes se ha iniciado y se acelera la descomposición ilustrada por Keynes, realmente presenciamos la maduración de las dos condiciones de la revolución mundial.” [2]

Ni a Keynes que sus teorías fueran poco compatibles con la democracia, al menos en la forma que aún la interpretaban –en su generalidad– los anglosajones en su tiempo, cuando en la introducción a la edición traducida al alemán de 1936 de su Teoría General, declaró que sus propuestas de política económica encajan mucho más en un Estado totalitario, como el nacionalsocialista alemán, que en uno como la Inglaterra de entonces; sobre la que, por lo demás expresó en la BBC en junio de 1936, al aclamar un libro apologista de la revolución soviética, en un momento en que ya se conocía la realidad sobre esta, desde las hambrunas y los genocidios a las torturas, y el terror político masivo –escrito con base a datos, tergiversados en unos casos, y completamente falsos en otros– de los propagandistas mercenarios, Sydney y Beatrice Webb:

“Los soviéticos están ocupados en el vasto empeño administrativo de hacer que funcionen de forma tranquila y exitosa, sobre un territorio tan extenso que ocupa una sexta parte de la superficie de la Tierra, toda una nueva serie de instituciones sociales y económicas. Los procedimientos siguen variando rápidamente para ajustarse a las nuevas experiencias. Estamos asistiendo al mayor grado de experimentalismo y empirismo jamás intentado por unos administradores desinteresados. En este sentido los Webbs con su libro nos han permitido contemplar la dirección en la que parecen moverse las cosas y hasta dónde han llegado de momento… …El libro me deja con un fuerte deseo y anhelo de que nosotros en este país, sepamos descubrir cómo combinar una disposición ilimitada para experimentar cambios en nuestros modos y en nuestras instituciones políticas y económicas.” [3].

En realidad quienes ganan con el estatismo son unos pocos privilegiados y quienes pierden son las masas empobrecidas… y en presentar las causas del mal disfrazadas de soluciones han coincidido siempre los simpatizantes de cualquier socialismo –desde el autoproclamado amoral Lord Keynes al muy socialista ex guerrillero, ex ministro, político y empresario mercantilista Petkoff Malec, pasando por cualquier empresaurio o politicastro tan afín hoy al socialismo radical en el poder en Venezuela como ayer al socialismo moderado que lo precedió– pues el socialismo no es más que el estatismo llevado a sus últimas y más desastrosas consecuencias, y tales personajes o son beneficiarios inmediatos y evidentes del estatismo presente que desde ya a las masas ha empobrecido mucho…. O aspiran serlo con mucho más socialismo en formas aún más destructivas para las mayorías… o las dos cosas. Pero lo curioso, es que en petroestado como Venezuela, donde el socialismo de antes y de ahora ha dependido del reparto clientelar que de la represión gulaguiana, y en donde pese a ocupar el Estado cerca del 80% de “los medios de producción” formal; el 20% restante alcanza para una cómoda ficción de estilo de vida más cercano al capitalismo que a otra cosa… aún en las capas de menores ingresos… la verdad es que mientras gran parte de mundo está en recesión aún nos mantenemos en el auge petroinflacionario… pero nos llegará como siempre nos ha llegado la recesión… y a diferencia de las economías capitalistas en donde los auges y caídas se promedian en un alza constante que –pese a los sufrimientos de las recesiones– se puede reflejar estadísticamente en el incremento sostenido en el largo plazo de sus PIB’s per capita, la nuestra como economía fundamentalmente socialista salda siempre su largo plazo con un empobrecimiento constante que vemos estadísticamente en una caída de largo plazo del PIB per cápita… ellos se enriquecen a largo plazo a pesar de las caídas en las recesiones… a largo plazo nosotros nos empobrecemos a largo plazo a pesar del alivio y crecimiento de los auges… esa es la diferencia económica entre capitalismo y socialismo (radical o moderado) que explica como el capitalismo no se debilita, y muy por el contrario sale fortalecido finalmente de las crisis… en tanto que el socialismo aún usando mano de obra esclava a escala masiva como se hizo por décadas en la URSS, se va debilitando, anquilosando y llega a colapsar por si mismo cuando se la da suficiente tiempo, con o sin crisis. www.guillermorodriguez.tk

[1] Jesús Huerta de Soto, Principios Básicos del Liberalismo. Lima, Instituto de Libre Empresa 2006 (artículo) www.ileperu.com

[2] V. I. Lenin, Discursos pronunciados en los congresos de la Internacional Comunista, Moscú: Editorial Progreso, s/f.

[3] Citado por : Ralph Raico, Keynes y los rojos, Liberalismo.org, s/f (artículo) www.liberalismo.org

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