Ideas de Libertad y Prosperidad

Septiembre 27, 2008

De Roosevelt a Bush: Las crisis del intervencionismo estatal y las mentiras de sus propagandistas // Guillermo Rodríguez

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“La destrucción del orden monetario ha sido resultado de una política perseguida deliberadamente por algunos gobiernos. El banco central controlado por el gobierno y, en Estados Unidos el igualmente controlado por el gobierno Sistema de la Reserva Federal son los instrumentos a los que se recurre en este proceso de desorganización y demolición”
Ludwig von Mises

La intelectualidad socialista en su esfuerzo des-informativo, sistemáticamente se dedica a calificar como fallos “del mercado” las consecuencias de las intervenciones estatales que a su vez  promueve contra el libre mercado.  Hoy nos hablan de una crisis del  “libre mercado” y del “capitalismo” como si las instituciones y políticas que han fallado notoriamente no fueran todas, sin excepción, producto del intervencionismo estatal sobre un mercado cada vez menos libre.  Es lógico que estén descorchando  champaña cuando el gobierno federal saliente en EE.UU. lanza un plan de destrucción económica sólo equiparable al “New Deal” de Roosevelt.  Ellos saben perfectamente que Bush es cualquier cosa menos un defensor del libre mercado, por eso les resultaba tan conveniente mentir calificándolo de tal.  Hoy les sale más rentable que nunca esa mentira.  Del mismo modo que saben perfectamente que el New Deal fue la causa, no la solución, de la gran depresión que extendió por más de una década una crisis de 1929 que ha podido solventarse en pocos años, pero nada les ha resultado tan rentable como la mentira mil veces repetida en ese punto.  Tanto que a decir verdad, algunos de los que la repiten, han terminado por creerla.

En occidente, las crisis cíclicas de expansión y contracción se pueden rastrear al menos hasta el siglo XV y XVI y están relacionadas con el entonces incipiente sistema bancario de reserva fraccionaria que hace del sistema financiero un peligroso castillo de naipes, así como con el incremento de circulante por el descubrimiento de nuevas minas de oro y plata… sólo que aquellas crisis se solventaban con rapidez al liquidarse malas inversiones por quiebras, y reorientaciones del capital; un nuevo tipo de crisis surgiría sólo en el siglo XX, por efecto de las nuevas y mayores intervenciones del Estado en el mercado.  El nuevo tipo de crisis empieza, para el caso de los EE.UU. que nos ocupa, el 23 de diciembre de 1913 con la Ley de Reserva Federal  que creo el modelo definitivo del banco central en la historia de los EEUU.  La historia de la Reserva será de inflación para financiar el creciente gasto gubernamental. Bajo la admnistración de Woodrow Wilson se empleara la expansión monetaria para financiar la Primera Guerra Mundial. Benjamin Strong, presidente de la Reserva Federal de Nueva York, entre 1914 y 1928 propugnaría inflar la oferta monetaria durante los ´20 para ayudar a Gran Bretaña, lo que generó las condiciones crediticias para una burbuja especulativa de proporciones nunca antes vistas que estallaría en 1929.  Dicha crisis sería enfrentada con una madeja de intervencionismo económico creciente por la administración de Herbert Hoover –un personaje muy parecido en la mitología intelectual socialista  (y en la realidad económica) al Bush de Hoy– entre 1929 y 1932 con lo que se entorpecieron los mecanismos de mercado para liquidar las inversiones fallidas y retomar el crecimiento.  Al alargarse la recesión por la política de Hoover, se dieron las condiciones para la elección de Roosevelt, que las llevaría hasta sus últimas consecuencias, acercando a los EE.UU. a un sistema de economía centralmente planificada manejada por monopolios de empresas estatales más de lo que nunca estaría en su historia… hasta ahora.

Los paralelismos son notables, pues con la caída de la Bolsa de Nueva York en 1929, una gran parte de activos de los bancos quedaron igual que hoy con un valor muy inferior al del crédito que respaldan.  La causa de principios del siglo pasado fue la liquidación de los préstamos a corredores  para adquirir acciones a precios inflados (con las propias acciones infladas como respaldo) y el detonante poco mencionado la quiebra del CreditAnstalt austriaco, que dejó sin valor los créditos de los bancos estadounidenses contra la economía alemana. Hoy la causa se encuentra en la liquidación de los préstamos para adquirir inmuebles con valores artificialmente elevados. En los 30, los políticos que deseaban intervenir con política evidentemente absurdas contaron con el prestigio intelectual de John Maynard Keynes para servir de base ante un público ignorante.  Hoy se han repetido esas políticas tantas veces y a lo largo de tantos años que ya casi nadie parece notar que son la causa y no la solución del problema. Y entre lo que de alguna forma las objeta, destaca por su influencia la Escuela de Chicago. Lo que ha sido casi tan malo como el propio Keynesianismo, pues aunque de Friedman quedara en Chicago la convicción de la superioridad del libre mercado, su comprensión del problema monetario puede terminar por coincidir con lo peor de las recetas Keynesianas a la hora de justificar lo que ahora se intenta, pues como explicó Melchior Palyi en The Twilight of Gold:

“Los monetaristas asumen que siempre existe gente solvente dispuesta a endeudarse. ¿Pero es cierto que siempre existen deudores elegibles? ¿Y qué sucede si los bancos y los potenciales deudores utilizan el nuevo crédito para amortizar sus deudas o para mejorar su posición líquida en lugar de para invertir y gastar? Esto es precisamente lo que sucedió durante la Gran Depresión.”

Friedman creía que el fallo de la Reserva Federal ante la crisis de 1929 fue no proporcionar la liquidez adicional para evitar las quiebras. Estaba equivocado, de hecho fue la liquidez incrementada por la Reserva desde 1913 la que permitió a los bancos conceder créditos respaldados por activos basura para comprar más activos basura, y eso, entonces como hoy, sólo se soluciona liquidando las perdidas, no financiándolas con más liquidez incrementada para evitarlas o estatizarlas al costo de más impuestos, recesión presente e inflación futura. Pero el actual presidente de la Reserva Ben Bernanke esta evidentemente convencido de lo mismo que Friedman, que la solución a la crisis es más liquidez para evitar quiebras. La causa real del problema propuesta como la solución es en lo que terminan por coincidir extrañamente Friedman, Keynes, Bush, Roosevelt y Bernanke, cada cual en diferentes circunstancias y por diferentes razones. La cosa es que eso ya se hizo, y la verdad, no solucionó el problema sino que lo extendió y agravó difiriendo la recuperación por muchos años. Además, la última vez que eso se hizo, el gobierno federal de los EE.UU. creó la mayoría de las empresas patrocinadas y agencias de regulación cuyos fallos –no los del mercado– crearon y están agravando esta crisis.


¿Fallos del libre mercado o del intervencionismo? Para muestra vasta un botón: Franklin D. Roosevelt al prohibir la propiedad privada del oro e implementar el New Deal, entre otras muchas empresas estatales fundó en 1938 una agencia federal llamada Federal National Mortgage Association (FNMA) a la que se suele llamar Fannie Mae con el objeto de transformar el mercado secundario de hipotecas de los EE.UU. en un monopolio del gobierno federal y usarlo para incrementar la liquidez abaratando el crédito hipotecario. La empresa fue trasformada en corporación privada en 1968, aunque siguió siendo una empresa patrocinada por el gobierno federal, que ya en 1970  introdujo en el juego la Federal Home Loan Mortgage Corporation (FHLMC) Freddie Mac, otra empresa patrocina por el gobierno federal para “expandir el mercado secundario de hipotecas” lo que significa inyectar liquidez y abaratar el crédito hipotecario. Las gubernamentalmente patrocinas Fannie y Freddy se dedicaron a comprar, empaquetar y vender al sistema financiero infinidad de hipotecas a valores inflados y otorgadas a personas incapaces de pagarlas, con lo que estalla la crisis hipotecaria que pone en tela de juicio gran cantidad de activos bancarios –respaldados por dichas hipotecas–  el castillo de naipes se derrumba dejando a la vista la amenaza del valor de los activos –que no se limita a las hipotecas– cuando queda en evidencia como las empresas calificadoras de riesgo han calificado de buenos riesgos activos basura… ¿sólo las hipotecas o algunos otros? La pregunta es tan lógica y obvia como aterradora porque desconocemos la magnitud de la respuesta.

El problema de la calidad de los activos sobre los que se otorgan los créditos, que es el reverso de la calidad de las inversiones para las cuales se otorgan, son cosas que suelen quedar fuera de las ecuaciones de los economistas matemáticos. Quizás sea por eso que en la antípodas teóricas monetaristas y keynesianos lo pasan por alto casi igual, pero el caso es que es si la inyección de liquidez excedentaria es la bomba de tiempo, en el mercado en se concentre el problema “subprime” es dónde empezará a su tiempo la explosión. Y en esta oportunidad la espoleta de la bomba financiera la montó diligentemente la administración Clinton en el mercado de hipotecas. En 1999 sólo había que leer la prensa –incluso la prensa más afín al partido de Clinton– para entender que a la bomba inflacionaria que se había montado desde Roosvelt, y se había agrandado “corriendo la arruga” al salir de cada crisis con inyecciones de nueva liquidez y una deuda creciente, finalmente le habían puesto la espoleta de tiempo que la detonaría una década después: “…ayudar a que las minorías y la población de menores ingresos se hagan de una casa, Fannie Mae Corporation planea reducir los requerimientos crediticios que le pide a la banca al momento de comprarle su cartera hipotecaria”. (…) “busca incentivar a los bancos a que concedan préstamos hipotecarios a personas a las que su historial crediticio no les permite obtener préstamos convencionales”. (…) “el suscriptor de préstamos hipotecarios más grande del país, se encuentra presionado en gran forma, por un lado, por la Administración Clinton, que insiste en que aumente su cartera de colocaciones hipotecarias entre los grupos de menores ingresos.” (…) “…los bancos, las instituciones de ahorro y crédito y las compañías de préstamos hipotecarios también presionan a Fannie Mae para que los ayude a otorgar cada vez mayores préstamos a personas de alto riesgo crediticio (“subprime borrowers”). Los ingresos, el historial de crédito y los niveles de ahorro de estos deudores les impiden acceder a préstamos hipotecarios convencionales…” (…) “’Fannie Mae ha logrado que millones de hogares accedan a la casa propia al reducir los requerimientos del depósito inicial’, afirma su presidente, Franklin D. Raines.” (…) “Este nuevo segmento crediticio [los clientes ‘subprime’] lleva a Fannie Mae a que asuma un progresivo riesgo, el cual no presenta problemas en épocas de crecimiento económico. Sin embargo, podría encontrarse en graves apuros cuando los vientos cambien, obligando al gobierno a emprender un rescate financiero, como el de los bancos de ahorro y préstamos en los noventa”.

El secretario de vivienda y desarrollo urbano de Clinton, Andrew Cuomo, ordenó investigar a Fannie Mae por discriminación racial y propuso que el 50% del portafolio  de Fannie Mae’s y Freddie Mac’s fuera de hipotecas otorgadas a personas de ingresos medios y bajos preferentemente de minorías en el año 2001.  Al iniciarse la administración Bush el economista jefe de la Casa Blanca N. Gregory Mankiw, advirtió que el subsidio federal implícito a Fannie Mae y Freddie Mac, combinado con la creciente cantidad de préstamos a personas no calificadas que favorecía representaban un enorme riesgo para la totalidad de sistema financiero. Es bueno recordar que desde 1992 la mayoría demócrata del Congreso había presionado a  Fannie Mae y Freddie Mac hacia la compra de hipotecas “subprime” para comprender porque aquellas declaraciones fueron  “denunciadas” por diputados demócratas como un asalto republicano contra los viviendas de los pobres”. La sorpresa política fue que la administración Bush decidió en realidad mantener intacto el populismo hipotecario de Clinton hasta sus últimas consecuencias. Suponiendo que le saldría tan bien como a Clinton el que aquellas no llegaran durante su administración sino en alguna siguiente, pero no fue así. El 7 de septiembre del 2008 la FNMA fue completamente re-estatizada junto con la FHLMC. Lo que coloca al gobierno federal de EE.UU. en el 2008  aproximadamente en la misma situación de 1938 en el mercado secundario de hipotecas, y según lo que declaran sus voceros, con el mismo objetivo de ampliar la liquidez para el mercado a través del gasto federal en la compra de hipotecas (entre tanto, las hipotecas infladas que sirvieron de combustible al incendio financiero serán compradas –muy por encima de su valor actual de mercado para salvar a quienes mal invirtieron en ellas– por el gobierno federal mediante otras nuevas o viejas agencias, con toda la discrecionalidad, corrupción que semejante operación implica) Si parece que “la serpiente se muerde la cola” es porque la serpiente en efecto se la muerde. Claro que ahora la serpiente estatista se traga también bancos de inversión quebrados como Lemman Brothers y aseguradoras como AIG… y me temo que esto apenas empieza.
Para inyectar liquidez se debe, entre otras cosas, bajar la tasa de interés. Y para salvar a los bancos en los ’30 se recurrió a la especulación con bonos del gobierno que sirvieron para cambiar los activos depreciados por algo que debía subir de precio –y mucho– al bajar la tasa de interés e inyectarse más liquidez al sistema, sólo que en aquellos tiempos de patrón oro la gente aún podía recurrir al metal  dorado para protegerse y con tales atesoramientos subía nuevamente la tasa de interés, por lo que La administración Roosevelt simplemente confiscó el oro de sus ciudadanos y penalizó la tenencia con diez años de cárcel, lo que garantizó una especulación en el mercado de los bonos gubernamentales diez veces mayor que la de la bolsa antes de 1929 y permitió así la recapitalización artificiosa de los previamente muy mal manejados bancos.


Hoy ya no hay patrón oro, lo empezó a eliminar Roosevelt y completó el trabajo Nixon; y el dólar tiene signos de estar declinando como principal divisa internacional tal como declinaba la libra en las primeras décadas del siglo pasado. Y lo que al final se propone la administración Bush es cambiar los activos financieros de valor inferior a los prestamos que deberían garantizar, por deuda gubernamental que facialmente lo garantice plenamente en las carteras de los bancos.  Las políticas que crearon y agravaron la crisis de 1929 y la del 2008 se parecen asombrosamente, no es de extrañar que se parezcan pues las dos crisis, ni que lo que pase en adelante sea también muy parecido a lo que pasó entonces. Al final el gran problema es que salvar de la quiebra con el dinero del gobierno –que no lo olvidemos, es el que sale de los bolsillos de la población a la fuerza, por medio de impuestos, inflación o las dos cosas– no es otra cosa que premiar el manejo financiero irresponsable de unos poco –protegiendo sus ganancias– a costa del valor de los ahorros y del trabajo futuro de todos.  Eso fue lo que produjo una recesión prolongada en los años ´30 y eso es lo que puede producir otra ahora. Obviamente es difícil para los políticos aceptar que la solución sea “no hacer nada” y permitir que quiebren bancos y empresas que manejaron mal su negocio, llevándose con ellos algunos ahorros e inversiones de la parte del público que cometió el error de invertirlos en aquellos y dejando sin empleo temporalmente algunas personas. Y tienen un único punto a su favor, el riesgo de que bancos e instituciones financieras cuyos préstamos e inversiones estén razonablemente respaldados –no por activos basura sino sólidos– colapsen en una crisis de confianza en un sistema de reserva fraccionaria es real. Pero eso no es razón para que los responsables de la crisis –políticos, burócratas, financistas e inversionistas– sean salvados de los resultados de sus malos manejos con cargo a los bolsillos de quienes manejaron más prudentemente sus finanzas, y que en tal proceso crezca y se fortalezca el modelo de gobierno multipropósito desmesurado a cargo de mafias mercantilistas burocráticas y políticas que fueron y serán las causantes –y al mismo tiempo las beneficiarias– de muchas pequeñas y alguna otra gran crisis, antes ahora y en el futuro. Aunque al final eso es lo que pasó en la gran crisis del siglo pasado, y lo que está pasando en esta.

Septiembre 20, 2008

Recesión, capitalismo y socialismo // Guillermo Rodríguez

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Recesión, capitalismo y socialismo

Por Guillermo Rodríguez G.

Si podemos evitar que el gobierno malgaste la labor de la gente bajo la pretensión de ayudarla, el pueblo será feliz.

Thomas Jefferson

Los socialistas están prediciendo el colapso inminente del capitalismo en cada crisis recesiva desde antes que Marx y Engels lo hicieran en el Manifiesto Comunista del siglo antepasado… y entre tanto lo único que ha colapsado en una crisis económica fue el imperio socialista soviético… no es algo nuevo que lo hagan ahora, ni será nuevo el fracaso de tales predicciones, como no lo será el que casi nadie de ello saque las conclusiones pertinentes.

Lo que si es un asunto serio y notorio aún antes de la muy noticiosa quiebra de Lehman Brothers en septiembre del 2009, es que el mundo… o al menos una buena parte de él (no sólo los EE.UU) está entrando en un período de recesión económica que pudiera ser muy severa –aunque eso aún está por verse– entre otras cosas porque coincide el momento con una evidente declinación del dólar de los EE.UU. como principal divisa internacional, nada nuevo en realidad pues ya se ha visto mucho tiempo atrás con la declinación de la libra esterlina de aquél mismo papel. El punto es que una recesión no es más que un ajuste inevitable de un periodo de crecimiento que se basó en gran parte en la inyección artificial de circulante sin respaldo por parte de los gobiernos. Los gobiernos hacen eso para aumentar su capacidad de gasto y el consecuente incremento de los precios que sigue al que se ponga en circulación mucho más dinero sin que previamente se incrementara la producción de bienes y servicios es algo que el común de las personas parecerían comprender… aunque en realidad no sea así. Pero el problema de fondo es que la inflación es un fenómeno mucho más complejo, insidioso y pernicioso que el simple y visible aumento de precios, porque el exceso de circulante permitirá casi siempre financiar por la vía del abaratamiento del capital nuevas inversiones que responderán a las oportunidades de demanda nueva creadas… pero, y es el gran pero, tales oportunidades dependen de que se siga inyectando más y más circulante inorgánico, que seguirá impactando los precios y desviando las inversiones de capital hacia inversiones erróneas y especulaciones financieras no menos erróneas… eventualmente algo disparará las alarmas y la reducción de la demanda junto con la restricción del circulante –o de no restringirse con la desaparición del valor de la moneda en hiperinflaciones– no sólo detendrá la escalada de precios, sino que dejará a todas las inversiones y especulaciones sin demanda como perdidas netas de capital… con los consecuentes problemas humanos que la destrucción neta de capital produce en una sociedad.

Mientras más rápido y libremente se reorienten los recursos materiales y humanos más pronto y con menos sacrificios se saldrá de una recesión, y mientras más pronto se detenga la emisión inorgánica menos profunda será ésta… el mayor problema es que la enorme serie de regulaciones estatistas que entraban las economías del mundo que denominamos desarrollado impiden lo primero tanto como en el llamado sub-desarrollado. Y la tendencia de los gobiernos a estirar la arruga subsidiando mediante nuevas emisiones inorgánicas más y más a los capitales involucrados en malas inversiones y peores especulaciones impide lo segundo igualmente. Irónicamente es la intervención gubernamental irresponsable que impide al mercado libre operar la que causa y agarba las recesiones que muchos grandes beneficiarios financieros personales de ese estatismo denominas “fallas del mercado”.

Aunque la emisión inorgánica termine por producir serios problemas de solvencia en el sistemas financiero (eso y no otra cosa es la crisis “subprime”, Lehman Brothers, etc.) y por llevar a la quiebra las inversiones que a su amparo se realizaran, no deja de ser curioso como se la ha intentado revestir de un manto “científico” de seudo-legitimidad desde el primero tercio del siglo pasado, cuando tan sofisma interesado –y mil veces repetido bajo otros nuevos mantos– se inició con la irrupción del Keynesianismo que logró dotar de una justificación aparentemente científica tradicionales políticas fiscales, irracionales y empobrecedoras al mediano y largo plazo; pero capaces de producir resultados de aparente prosperidad en el corto plazo. Así se legitimó un tipo de política de gasto público inevitablemente deficitario, para la promoción artificiosa de actividades escasamente eficientes, con cargo a la hacienda pública, Política fiscal desesperada, que disfrazada de política monetaria novedosa, medida en términos de capital político resultó de bajo costo y alto impacto. El retraso de unas economías irremediablemente asfixiadas en el agravamiento recurrente de los estancamientos –que se intentaba combatir– en los casos relativamente leves; y la destrucción del tejido económico, la descapitalización extrema y el empobrecimiento generalizado de las espantosas hiperinflaciones, es lo que ha dejado la aplicación de la Teoría General, en la formulación de políticas públicas. Sin dejar de lado que dichas políticas en realidad se pueden documentar, con detalle, –junto con sus funestas consecuencias– al menos desde el imperio romano. Pero la diferencia notable será que antes del Keynesianismo, se habían considerado siempre vicios del gobernante. Ya en 1609, Juan de Mariana calificaba de tirano al gobernante que aplicara tales políticas, como explica Jesús Huerta de Soto:

“…obra esencial de Mariana es la publicada en el 1609 con el título De monetae mutatione, posteriormente traducida al castellano con el título de Tratado sobre el discurso de la moneda de vellón que al presente se labra en Castilla y de algunos desórdenes y abusos. En este notable trabajo Mariana considera tirano a todo gobernante que devalúe el contenido de metal de la moneda, imponiendo a los ciudadanos sin su consentimiento el odioso impuesto inflacionario o la creación de privilegios y monopolios fiscales. Mariana también critica el establecimiento de precios máximos para “luchar contra la inflación” y propone la reducción del gasto público como principal medida de política económica para equilibrar el presupuesto.” [1]

Y es sólo a partir de Keynes que se las dota de una teoría económica que más que justificarlas, las legitima, al punto de recomendarlas. El keynesianismo adoptó las premisas deterministas del marxismo sobre las crisis cíclicas del capitalismo. Mismas que en realidad originaban las manipulaciones monetarias y agravaba la deficiente –en el sentido de inadecuada, aunque no necesariamente de poco fuerte– institucionalidad. Y recetó la causa de la enfermedad como tratamiento. Y en cierto sentido lo hizo así porque consideró la enfermedad incurable. El problema no está tanto en las deficiencias científicas del Keynesianismo, como en los incentivos políticos para adoptarlo y defenderlo que naturalmente tenían gobernantes y académicos. No se le escaparon a Lenin –ya para 1920– los beneficios que de las ideas de Keynes obtendría el movimiento comunista internacional en general; y la Unión Soviética en particular:

“Keynes declara que los ingleses, para proteger su vida, para salvar la economía inglesa, deben conseguir ¡que entre Alemania y Rusia se reanuden las relaciones comerciales libres! Pero ¿cómo conseguirlo? ¡Anulando todas las deudas, como lo propone él! Esta es una idea que no pertenece sólo al científico economista Keynes. Millones de personas llegan y llegarán a esta idea. Y millones de personas oyen declarar a los economistas burgueses que no hay más salida que la anulación de las deudas… Pienso que se debería enviar en nombre del Congreso de la Internacional Comunista un mensaje de agradecimiento a estos economistas que hacen agitación en favor del bolchevismo. Si, de una parte, la situación económica de las masas se ha hecho insoportable; si, de otra parte, en el seno de la ínfima minoría de los países vencedores omnipotentes se ha iniciado y se acelera la descomposición ilustrada por Keynes, realmente presenciamos la maduración de las dos condiciones de la revolución mundial.” [2]

Ni a Keynes que sus teorías fueran poco compatibles con la democracia, al menos en la forma que aún la interpretaban –en su generalidad– los anglosajones en su tiempo, cuando en la introducción a la edición traducida al alemán de 1936 de su Teoría General, declaró que sus propuestas de política económica encajan mucho más en un Estado totalitario, como el nacionalsocialista alemán, que en uno como la Inglaterra de entonces; sobre la que, por lo demás expresó en la BBC en junio de 1936, al aclamar un libro apologista de la revolución soviética, en un momento en que ya se conocía la realidad sobre esta, desde las hambrunas y los genocidios a las torturas, y el terror político masivo –escrito con base a datos, tergiversados en unos casos, y completamente falsos en otros– de los propagandistas mercenarios, Sydney y Beatrice Webb:

“Los soviéticos están ocupados en el vasto empeño administrativo de hacer que funcionen de forma tranquila y exitosa, sobre un territorio tan extenso que ocupa una sexta parte de la superficie de la Tierra, toda una nueva serie de instituciones sociales y económicas. Los procedimientos siguen variando rápidamente para ajustarse a las nuevas experiencias. Estamos asistiendo al mayor grado de experimentalismo y empirismo jamás intentado por unos administradores desinteresados. En este sentido los Webbs con su libro nos han permitido contemplar la dirección en la que parecen moverse las cosas y hasta dónde han llegado de momento… …El libro me deja con un fuerte deseo y anhelo de que nosotros en este país, sepamos descubrir cómo combinar una disposición ilimitada para experimentar cambios en nuestros modos y en nuestras instituciones políticas y económicas.” [3].

En realidad quienes ganan con el estatismo son unos pocos privilegiados y quienes pierden son las masas empobrecidas… y en presentar las causas del mal disfrazadas de soluciones han coincidido siempre los simpatizantes de cualquier socialismo –desde el autoproclamado amoral Lord Keynes al muy socialista ex guerrillero, ex ministro, político y empresario mercantilista Petkoff Malec, pasando por cualquier empresaurio o politicastro tan afín hoy al socialismo radical en el poder en Venezuela como ayer al socialismo moderado que lo precedió– pues el socialismo no es más que el estatismo llevado a sus últimas y más desastrosas consecuencias, y tales personajes o son beneficiarios inmediatos y evidentes del estatismo presente que desde ya a las masas ha empobrecido mucho…. O aspiran serlo con mucho más socialismo en formas aún más destructivas para las mayorías… o las dos cosas. Pero lo curioso, es que en petroestado como Venezuela, donde el socialismo de antes y de ahora ha dependido del reparto clientelar que de la represión gulaguiana, y en donde pese a ocupar el Estado cerca del 80% de “los medios de producción” formal; el 20% restante alcanza para una cómoda ficción de estilo de vida más cercano al capitalismo que a otra cosa… aún en las capas de menores ingresos… la verdad es que mientras gran parte de mundo está en recesión aún nos mantenemos en el auge petroinflacionario… pero nos llegará como siempre nos ha llegado la recesión… y a diferencia de las economías capitalistas en donde los auges y caídas se promedian en un alza constante que –pese a los sufrimientos de las recesiones– se puede reflejar estadísticamente en el incremento sostenido en el largo plazo de sus PIB’s per capita, la nuestra como economía fundamentalmente socialista salda siempre su largo plazo con un empobrecimiento constante que vemos estadísticamente en una caída de largo plazo del PIB per cápita… ellos se enriquecen a largo plazo a pesar de las caídas en las recesiones… a largo plazo nosotros nos empobrecemos a largo plazo a pesar del alivio y crecimiento de los auges… esa es la diferencia económica entre capitalismo y socialismo (radical o moderado) que explica como el capitalismo no se debilita, y muy por el contrario sale fortalecido finalmente de las crisis… en tanto que el socialismo aún usando mano de obra esclava a escala masiva como se hizo por décadas en la URSS, se va debilitando, anquilosando y llega a colapsar por si mismo cuando se la da suficiente tiempo, con o sin crisis. www.guillermorodriguez.tk

[1] Jesús Huerta de Soto, Principios Básicos del Liberalismo. Lima, Instituto de Libre Empresa 2006 (artículo) www.ileperu.com

[2] V. I. Lenin, Discursos pronunciados en los congresos de la Internacional Comunista, Moscú: Editorial Progreso, s/f.

[3] Citado por : Ralph Raico, Keynes y los rojos, Liberalismo.org, s/f (artículo) www.liberalismo.org

Septiembre 11, 2008

Marx y los neosocialistas: Progresismo imperialista vs. Ecologismo retrogrado // Guillermo Rodríguez

Archivado en: Guillermo Rodríguez, Política — libertadyprosperidad @ 6:59 pm
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Como alguien que ha vivido bajo el comunismo la mayor parte de su vida, me siento obligado a decir que actualmente veo una mayor amenaza a la libertad, a la democracia, a la economía de mercado y a la prosperidad, procedente del ecologismo, no del comunismo. Esta ideología pretende reemplazar la libertad y la evolución natural de la humanidad por una especie de planificación global centralizada.

Vaclav Klaus

El socialismo del siglo XX exterminó a poco más del 100 millones de seres humanos, el del siglo XXI tiene en sus fundamentos teóricos la capacidad de superarlo con creces en tan luctuoso logro, pues aunque su potencial político para ello es muy pequeño ahora que el siglo está en pañales no hay razón alguna para descartar que encontrará en las décadas que seguirán y en más de un lugar, el poder de “experimentar” con sociedades humanas a la escala y con el grado de totalitarismo que lo hizo su inmediato antecesor. ¿Por qué afirmo que el potencial genocida de las nuevas teorías es potencialmente mayor? Pues porque a diferencia de la izquierda desarrollista, que pretendía superar los logros materiales del modelo capitalista con su planificación centralizada, los neo-socialistas toman del neo-malthusianismo el objetivo completamente contrario. Indigenistas, pero únicamente en la medida que ven esas tradiciones culturales como modelos de organización social tradicional inmutables, marcados por una menor producción y consumo, lo que para ellos es el ideal a recuperar. Pese al que se consideren marxistas, muchos de los que hoy sostienen esas tesis retrogradas, se trata de algo que rechazaba Marx enfáticamente:

“…por muy lamentable que sea desde un punto de vista humano ver cómo se desorganizan y descomponen en sus unidades integrantes esas decenas de miles de organizaciones sociales laboriosas, patriarcales e inofensivas; por triste que sea verlas sumidas en un mar de dolor, contemplar cómo cada uno de sus miembros va perdiendo a la vez sus viejas formas de civilización y sus medios hereditarios de subsistencia, no debemos olvidar al mismo tiempo que esas idílicas comunidades rurales, por inofensivas que pareciesen, constituyeron siempre una sólida base para el despotismo oriental; que restringieron el intelecto humano a los límites más estrechos, convirtiéndolo en un instrumento sumiso de la superstición, sometiéndolo a la esclavitud de reglas tradicionales y privándolo de toda grandeza y de toda iniciativa histórica. No debemos olvidar el bárbaro egoísmo que, concentrado en un mísero pedazo de tierra, contemplaba tranquilamente la ruina de imperios enteros, la perpetración de crueldades indecibles, el aniquilamiento de la población de grandes ciudades, sin prestar a todo esto más atención que a los fenómenos de la naturaleza, y convirtiéndose a su vez en presa fácil para cualquier agresor que se dignase fijar en él su atención. No debemos olvidar que esa vida sin dignidad, estática y vegetativa, que esa forma pasiva de existencia despertaba, de otra parte y por oposición, unas fuerzas destructivas salvajes, ciegas y desenfrenadas que convirtieron incluso el asesinato en un rito religioso en el Indostán. No debemos olvidar que esas pequeñas comunidades estaban contaminadas por las diferencias de casta y por la esclavitud, que sometían al hombre a las circunstancias exteriores en lugar de hacerle soberano de dichas circunstancias, que convirtieron su estado social que se desarrollaba por sí solo en un destino natural e inmutable, creando así un culto embrutecedor a la naturaleza, cuya degradación salta a la vista en el hecho de que el hombre, el soberano de la naturaleza, cayese de rodillas, adorando al mono Hanumán y a la vaca Sabbala.” [1]

El pasado, real en parte, –aunque también imaginario o tergiversado– es para el nuevo socialismo su modelo de futuro. Y para quienes ven en lo anterior una curiosa similitud, con algunas peculiaridades de la teoría cultural del nacionalsocialismo alemán, es de hacer notar que la diferencia fundamental entre aquella forma de socialismo racista, y la corriente principal del neo-socialismo, es que a diferencia de aquellos que proclamaban la superioridad del colectivo racial y por ende de su cultura, estos son relativistas culturales que sostienen que todas las culturas tienen el mismo valor relativo, y en tal medida deberían ser valoradas y respetadas, aunque no por ello dejan de proclamar la superioridad de las culturas “colectivistas” sobre las individualistas negando con ello, y con muchas otras valoraciones del mismo tipo, tal relativismo. O en otras palabras, que cada cultura debe ser evaluada moralmente de acuerdo con sus propios criterios morales, y no con los de otra cultura, por tener todas, la misma validez cultural, cosa que no les impide evaluar cualquier cultura con los criterios que les garanticen los resultados que inicialmente deseaban. Pero que los proclamadotes del relativismo cultural se contradigan es inevitable pies de tomarlo en serio lo que tendríamos que concluir es que la brutal mutilación genital femenina forzosa, aún practicada en partes de África, o la autoridad legal del marido para golpear a sus mujeres, establecida aún en algunas sociedades islámicas, tienen el mismo valor cultural, que la cirugía plástica electiva y el principio de igualdad ante la Ley, en la cultura occidental de la que formamos parte. Curiosamente este principio –del pensamiento hoy llamado políticamente correcto, tan común por la mala conciencia de la intelectualidad socialista estadounidense– había ido penetrando desde muy atrás en el tiempo en un marxismo que partiendo de la teoría del imperialismo del Lenin, llegaría al extremo de tragarse entero un –para él indigesto– mito del buen salvaje de Rousseau, por pura conveniencia política, a lo largo del llamado tercer mundo inicialmente; y en el resto del orbe inmediatamente después.

Tan retrógrada tesis, adoptada por los partidarios de una teoría determinista del progreso ascendente de la historia, fue sin duda una notable incoherencia, que ocurrió no tanto entre sus máximos exponentes intelectuales, pocos al fin, como entre sus cuadros políticos de todo nivel; y muy especialmente entre sus simpatizantes emocionales, menos formados, y notablemente más numerosos. Pero Marx, cuyas incoherencias internas no se debían a ese tipo particular de oportunismo, a diferencia de sus acomplejados y oportunistas seguidores, de relativista cultural, o buen salvajista, no tenía absolutamente nada, y de anti-imperialista tampoco, pues en materia de determinismo ascendente de la historia, no estaba preparado para concesiones de ninguna especie, ya que ahí estaba la premisas sobre la que se sostenía todo el edifico marxista. Si bien es posible encontrar abismos de horror más profundos en Marx que en cualquiera de sus seguidores ortodoxos, o heterodoxos como los neosocailistas de hoy, no están en las partes de la doctrina original con las que entran inevitablemente en contradicción los neosocialistas. Sobre el imperialismo, Marx opinaba, sin duda alguna, que era parte clave del determinismo histórico que defendía:

“Inglaterra tiene que cumplir en la India una doble misión destructora por un lado y regeneradora por otro. Tiene que destruir la vieja sociedad asiática y sentar las bases materiales de la sociedad occidental en Asia.

Los árabes, los turcos, los tártaros y los mogoles que conquistaron sucesivamente la India, fueron rápidamente hinduizados. De acuerdo con la ley inmutable de la historia, los conquistadores bárbaros son conquistados por la civilización superior de los pueblos sojuzgados por ellos. Los ingleses fueron los primeros conquistadores de civilización superior a la hindú, y por eso resultaron inmunes a la acción de esta última. Los británicos destruyeron la civilización hindú al deshacer las comunidades nativas, al arruinar por completo la industria indígena y al nivelar todo lo grande y elevado de la sociedad nativa. Las páginas de la historia de la dominación inglesa en la India apenas ofrecen algo más que destrucciones. Tras los montones de ruinas a duras penas puede distinguirse su obra regeneradora. Y sin embargo, esa obra ha comenzado.” [2]

Pero la nueva izquierda esta llena de ecologistas radicales. Para ellos el desarrollo y la producción son intrínsecamente malos e inmorales. Por eso no pretenden ya los neo-socialistas producir más que el capitalismo, más bien parecieran estar regresando a los ideales del un primitivista socialismo romántico, para el que los techos de paja y los fogones de leña serían una mejor forma e vida. Lo que entre otras cosas ignora olímpicamente la cantidad de leña que ello requeriría, con la población actual, y la cantidad de humo insalubre que la misma generaría. O quizás no del todo, pues ideal son sociedades cuya producción y consumo, junto con su población y nivel de vida, sean decrecientes; y en las que la cantidad de la población se determine, y la pobreza se reparta, mediante los criterios del gobernante. Lo curioso es que los modelos de sociedad que desean suponer, igualitarios modelos de socialismo originario, cuando se los estudia desapasionadamente; emergen en unos casos, como sociedades más o menos estáticas en su tecnología, y con esquemas de organización de la producción que no es descabellado considerar en muchos aspectos socialistas arcaicas, en eso tienen algo de razón los neo-socialistas por más que protesten los marxistas ortodoxos. Pero también se muestran esas mismas sociedades socialistas arcaicas como civilizaciones cruelmente racistas, imperialistas expansivas, militaristas y teocráticas. Controladas por un pequeño, y en extremo privilegiado, estrato dominante de unas masas sometidas a la más cruel explotación y miseria. Otras, resultan de socialistas primitivas tener, poco o nada, y aparecen como sociedades con un comercio altamente desarrollado, complejos sistemas de derechos de propiedad y apropiación. Producción y población creciente; y una tecnología en desarrollo. Cosas que suelen aparecer acompañadas también de imperialismo militar expansivo, y sistemas de castas, aunque en las segundas el nivel de vida relativo, del promedio de la población, resultara siempre más alto que en las primeras.

Quienes creen en la absurda consigna “nuestro pasado es nuestro futuro”. Miran al pasado en busca de recuperar, lo que desean imaginar, como una edad dorada del colectivismo perdido. Hay importantes indicios, de los que los expertos deducen, que las especies del hombre del paleolítico tuvieron su primera organización social, y desarrollaron su primera tecnología, mediante formas de organización social colectivistas, en la prehistoria. Pero también hay evidencias que pueden interpretarse en sentido contrario… aunque sólida evidencia de colectivismo estatista no nos falta en civilizaciones antiguas. Pero también está claramente establecido, que de dorada nada tenía tal edad. El punto para el socialismo es otro, es que limitarse a repetir consignas ecologistas sobre lo negativo del desarrollo, que antes había garantizado superar, resulta una maniobra muy efectiva para la reconversión de fracasado socialismo desarrollista de siglo XX, en otra cosa que ponga los fines en concordancia con los medios, pues si el objeto es reducir dramáticamente el numero de seres humanos vivos y dejar a los sobrevivientes con un nivel de vida igualitario pero ínfimo respecto del actual promedio en los países desarrollados, o aún de los menos desarrollados de hoy… el socialismo es sin duda capaz de alcanzar esos dos objetivos… sin tomar en cuenta más que como detalle marginal el superior nivel de vida de las nomenclaturas respecto del de las masas y la paradoja de que tal brecha de desigualdad, bien medida, sea mayor que la existente en cualquier sociedad capitalista.

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[1] Karl Marx, artículo de 1852, La dominación británica en la India, en Obras Escogidas, Editorial Progreso, 1974, t. I

[2] Karl Marx, Futuros resultados de la dominación británica en la India, The New York Daily Tribune, núm. 3804, del 25 de junio de 1853

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