Ideas de Libertad y Prosperidad

Febrero 5, 2009

La agricultura de puertos o puertos para la agricultura // José Manuel Andrade C.

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Durante las últimas semanas, a raíz de la crisis financiera mundial, el precio del barril de petróleo ha descendido a niveles por debajo de los USD 50.00 que el Sr. Presidente ha establecido como límite para el buen funcionamiento de la economía venezolana. Pues bien, estando en esta situación, los análisis económicos establecen que la prolongación de dicho estado del precio petrolero por más de seis-doce meses provocará un descalabro nacional, porque no se podrá pagar por nuestras importaciones de alimentos. En consecuencia, el desabastecimiento será esparcido en todos los rubros, porque los venezolanos importamos casi todo lo que comemos.

Y justamente, porque importamos casi todo lo que comemos se ha desatado una serie de análisis sobre los efectos de las políticas gubernamentales sobre las industrias nacionales, particularmente sobre si Venezuela es capaz de poder sustituir todas estas importaciones. El gobierno argumenta que debe importar porque los productores venezolanos no producen suficiente. Esto último es realmente cierto, pero aún si no lo fuera, no debería tampoco limitarse la importación de cualquier rubro alimenticio. De esta manera, se califica a la agricultura del país como una “agricultura de puertos”, porque a través de los puertos ingresa la mayoría de los alimentos que consumimos. Los industriales nacionales piden a gritos que se restrinjan las importaciones, de manera de que ellos puedan colocar sus productos. Esta posición no sólo es una imposición a la sociedad, es condenar a la población a productos caros y de menor calidad que los que pudieran obtenerse de otro país.

El problema real no es que la producción nacional sea insuficiente o de pobre calidad, el problema real es que las condiciones en Venezuela para producir lo que mejor puede no están dadas. La tesis de que el país debe ser “soberano” en su producción de alimentos y de esta manera garantizar la “independencia” no posee sustento sólido para un análisis sobre su sostenibilidad. La razón principal por la cual el producir y consumir dentro de Venezuela el 100% de los alimentos no es ni económicamente viable ni físicamente posible es porque la Divinidad nos dio ventajas y desventajas en varias materias. Un ejemplo claro de esta situación es el hecho que en Venezuela no produce trigo y aún así somos grandes consumidores de pan y pasta. Así puede suceder con cualquier otro rubro. Volviendo al criterio de que no es viable producir todo lo que consumimos, la pregunta queda entonces, ¿cómo garantizamos una satisfacción de las necesidades alimentarias del país?

La respuesta está dada por la capacidad de los ciudadanos, en libre ejercicio de sus libertades económicas, de detectar las necesidades y posibilidades para suplir el producto adecuado. Las restricciones actuales e históricas sobre la libre acción económica de los ciudadanos, que los gobiernos venezolanos han establecido sobre todo en el derecho a la propiedad privada y el libre intercambio comercial, que buscan una “redistribución de la riqueza” se convierten en justamente la piedra de tranca para que una economía pueda aprovechar las grandes ventajas comparadas que el país posee para producir lo que mejor puede hacer. El libre intercambio comercial de bienes y servicios es realmente el mecanismo para garantizar un abastecimiento de productos a toda la sociedad.

Un buen ejemplo de lo que podemos lograr con el intercambio comercial lo representa el mango. La pregunta, ¿cuánto cuesta un mango? tiene diferentes respuestas, dependiendo del lugar geográfico dónde se haga. Si la hacemos en cualquier población del Estado Guárico la respuesta será: “Lo que cueste bajarla del árbol”. Si la hacemos en cualquier población de la provincia de Madrid, o cualquiera de España por ese mismo sentido, la respuesta será “cuando se consigue, como 2-3 Euros”. Al cambio oficial, el mango en España costará algo así como Bf 6,7 la unidad. Podríamos sacar la cuenta de los ingresos que podríamos tener si todos los mangos que se pierden, por no ser recogidos, se empaquetaran y distribuyeran en España.

Sin embargo, en Venezuela, no se piensa en estos términos por varios motivos, pero en especial por las dificultades que existen para producir por los costos de los materiales de producción y maquinarias especializadas, por las dificultades para la obtención de permisos y colocación de productos y más especialmente porque las dificultades de importación/exportación representan tiempos que hacen irracional la exportación de cualquier producto a precios asequibles y rentables. La acción gubernamental debe estar orientada a que los productores puedan decidir sobre sus productos, garantizar las condiciones de intercambio comercial (sin imponer precios o cuotas de producción) y por sobre todo dar libertad de tránsito a los bienes producidos (pasando por la garantía de seguridad sobre robo y hurto, llegando hasta la construcción y mantenimiento de vías de comunicación adecuadas).

De esta manera, Venezuela producirá bienes que no consumirá totalmente y exportará el excedente a países que desean consumirlos, así como igualmente importaremos todos los productos que deseamos consumir; aunque igualmente se produzcan localmente. Así, se cambia la agricultura de puertos para darle puertos a la agricultura.

Septiembre 15, 2008

Libre mercado significa ciudadanos libres // José Manuel Andrade

Archivado en: Economía, José Manuel Andrade — libertadyprosperidad @ 6:44 pm
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Hoy día, en Venezuela, hablar de libre mercado significa poco menos que recordarle la progenitora al interlocutor. Esto lo reafirmé en una experiencia personal. Por mas increíble que me parecía hace unos días reunido con amigos, de formación de cuarto nivel, aun defendían la intervención del estado como único medio para frenar el inagotable apetito de ganancias de los empresarios.

Para variar, esta vez trate de colocarme en la posición de entender por qué se defiende a capa y espada que el estado intervenga en la economía y que se justificara la expropiación de propiedad privada, aún cuando ésta fuera pagada. La conclusión que obtuve fue que la justificación proviene de la presencia de un gran miedo a que las personas puedan efectivamente producir bienes libremente y colocarlos a disposición del público al precio que prefieran.

En la conversación no faltaron los recuerdos a las actividades de empresarios que han disfrutado de un monopolio establecido por los cercos económicos y altos impuestos de importación, como ejemplo de las libertades que predico. Estos ejemplos no sólo están fuera del contexto en el cual deben ocurrir los intercambios comerciales, sino también aquí otra vez el miedo hace presencia, porque les parecía (a mis amigos) inconcebible que los trabajadores queden sin trabajo dado que una empresa quebrara si se dejan las fronteras sin restricciones como impuestos y aranceles.

Este razonamiento resulta incompleto para poder justificar las acciones gubernamentales para intervenir en la economía. Veamos, por qué.

Primeramente, el derecho de todo individuo de hacer intercambio comercial voluntario es primordial para el avance de la sociedad. Este es el derecho que se violenta con cada medida de restricción de libertad económica que se crea e implementa (Ejemplos: Control cambiario, control de tasas de interés, control de precios).

Cuando este derecho se defiende y se permite una libre interacción de intercambio sucederá lo que es natural que ocurra, quien desea el bien de intercambio querrá cambiar un menor monto de dinero por él, mientras que quien lo vende lo querrá cambiar por la mayor cantidad de dinero posible. Una vez que esta transacción ocurre, la sociedad gana porque ambas partes se sienten satisfechas.

Si la demanda es alta y la oferta poca, los precios tenderán a subir. Caso contrario, si la oferta es alta y la demanda poca, los precios tenderán a bajar. Esta ley de oferta y demanda se cumple siempre, no importa cuántas restricciones quieran colocarle.

Para el primer caso, la solución usual del estado es establecer un control de precios. La consecuencia, una escasez del producto en cuestión. La respuesta del libre mercado es que la situación es temporal y en el poco tiempo habrá un incremento de la oferta dada las ganancias económicas que esta implica. La diferencia es que en la solución de mercado no habrá escasez y todas las partes terminarán satisfaciendo sus necesidades. El precio tenderá a bajar, dado el aumento de la oferta. Sin embargo, el miedo actúa en la sensación de que es mejor controlar que esperar.

Otro argumento de mis amigos para justificar la intervención del estado es el abuso de empresarios en cuanto a salarios y precios. La permanencia de este tipo de empresario es directa consecuencia del manejo de relaciones con el estado, que justifica una medida de intervención para proteger a los trabajadores manteniendo las barreras al comercio. La consecuencia, la sociedad sólo obtiene productos de baja calidad a un alto precio.

La solución del mercado permite la actividad libre de cualquier individuo en cualquier actividad económica lícita. Cuando existen oportunidades de ganancias económicas, los empresarios querrán explotarla a su máxima expresión. Sin embargo, al ser una opción abierta a quien la quiera tomar, existirán mas de un interesado en tomarla, por lo que la tendencia será a que la ganancia económica desaparecerá y los precios se estabilizarán a la baja. Al final, el consumidor tendrá opciones de elección del producto a un precio mas bajo. Los trabajadores que se laboran en esa industria serán valorados por los competidores entrantes y serán mejor pagados de manera o de retener el conocimiento, en la empresa ya instalada, o para obtener el conocimiento, en la empresa entrante.

La actividad del mercado no es otra cosa que los ciudadanos haciendo libre transacciones unos con otros. Esto no quita el riesgo de que existan individuos que quieran tomar ventaja de la inocencia y buena voluntad de otros. Aquí es donde el estado sí  debe intervenir, para que los casos se expongan y puedan establecerse las responsabilidades y los castigos y pagos correspondientes, haciendo respetar los acuerdos entre las partes.

Si dejamos libre al mercado, dejamos libres al ciudadano y la sociedad gana y crece.

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