Ideas de Libertad y Prosperidad

Abril 21, 2009

Chávez ilumina a Obama // Rafael Rincón-Urdaneta

Archivado en: Política, Rafael Rincón-Urdaneta — libertadyprosperidad @ 7:12 pm

Pocas semanas hace que Hugo Chávez llamó “pobre ignorante” al novel inquilino de la Casa Blanca. Consecuentemente con su convicción acerca de las escasas y opacas luces del gobernante estadounidense, especialmente en cuanto a América Latina se refiere, el líder bolivariano le ha obsequiado a Barack Obama el libro “Las Venas Abiertas de América Latina”, escrito por Eduardo Galeano décadas atrás. Aunque el gesto luce a primera vista amistoso, el mensaje implícito no es tal: Ud. es un ignorante – no sabe nada de América Latina – y por culpa de Uds. estamos en desgracia.

Luego de haber tildado de “analfabeta” a Mario Vargas Llosa y considerando su extraña manera de interpretar el mundo, me he tomado con escepticismo la apreciación de Chávez. No obstante ello, la elección del presente no estuvo nada mal. Teniendo en cuenta que a una sociedad se le comprende conociendo sus creencias y valores – las ideas arraigadas en el imaginario colectivo de sus pobladores – recomiendo a Obama no engavetar esa joya de la literatura política que le han regalado, sino leerla de vuelta a casa durante el vuelo.

Galeano es uno de esos profetas izquierdistas tan seguidos y alabados en América Latina. Su libro, el de “las venas abiertas”, es una suerte de Biblia tercermundista, de lectura obligada para convencerse de que esta tierra de buenas e inocentes gentes es una indefensa víctima del imperialismo. La conclusión del autor es, entonces, muy simple: Así estamos porque nos han robado y porque seguimos siendo robados.

Una de las tesis más populares en América Latina, a propósito de su vergonzoso subdesarrollo, se refiere a un incesante saqueo que empezó en tiempos coloniales remotos y ha continuado con igual o mejor efectividad hasta los días presentes. Es decir, este otrora paraíso impoluto fue asaltado – se llevaron el oro – y lo es hasta hoy, cuando “se roban nuestros recursos y explotan a nuestro pueblo”. Ayer fue España (léase Europa) y hoy, principalmente, los Estados Unidos. Es esa, grosso modo, la idea de Galeano y melodía embriagante para la izquierda latinoamericana.

Oportuno es advertir, que la seductora teoría del saqueo no sólo explica el subdesarrollo latinoamericano, sino también el desarrollo de los hoy países más ricos: “ellos son ricos, única y exclusivamente, porque nos han saqueado y explotado”. Es decir, las hoy potencias exitosas y prósperas no deben su calificación como tales a su esfuerzo, creatividad e innovación, transparencia político – administrativa, institucionalidad democrática y decente gestión de los recursos. No, sólo a su rapacería. Y si añadimos el sofisticado análisis de Lula da Silva sobre la responsabilidad de los “blancos de ojos azules” en la actual crisis financiera, así como las profundas teorías de otros líderes políticos y de académicos hostiles al capitalismo, a la globalización y a la democracia liberal, pues bien podríamos sugerir varias lecturas más, cuya conclusión será invariablemente la misma.

La tesis del saqueo se une a otra igualmente potente: la de la conspiración. Esta postula que grandes e infames fuerzas del mal, dirigidas por naciones ricas y burguesías (u oligarquías) locales, convergen en un sabotaje inmejorablemente urdido para impedir el desarrollo, no sólo de América Latina, sino de todos los países pobres del orbe. El propósito sería evitar que tomen el poder los oprimidos y cesen los privilegios de los poderosos… ¡Huele a azufre!

Sabotaje y saqueo simultáneos suponen los más horrendos y ruines métodos: la imposición de un modelo político y socio – económico incompatible con la cultura originaria, que es esencialmente buena y ajena a la maldad; la inyección de ideas falsas con fines de dominación; la promoción de vicios para embriagar y cegar a los indefensos latinoamericanos (qué se yo: sexo, drogas y Rock n’ Roll; consumismo; Hollywood; MacDonald’s; Starbuck’s, etc.) y la aplicación de la presión militar y económica, además de otras escalofriantes perversidades. En fin, todo resumido en la maldita globalización.

Según esta visión, en la desdicha latinoamericana nada tienen que ver la galopante corrupción local; la ineficiente administración de los recursos; las impresentables gestiones político – administrativas; el populismo; la inexistente visión de futuro; la alergia a la producción de bienes y servicios de calidad y con mayor valor agregado, sin contar el fanático culto a la pobreza y la bajísima autoestima del latinoamericano. Este desgraciado presente es consecuencia exclusiva de cinco siglos de saqueo y lo seguirá siendo hasta el fin de los tiempos. Responsabilidad alguna recaerá sobre los propios latinoamericanos, que son buenos, sino sobre agentes externos, que son muy malos.

Demasiados latinoamericanos están persuadidos de su condición de víctimas (que parecen disfrutar) y de acuerdo a ello viven, comen, duermen y hacen política. Así, después de todo, la vocación de maestro y la generosidad del gobernante venezolano iluminarán a Obama sobre el motivo real del subdesarrollo en la región, que no está en las razones de Galeano, por cierto, sino mucho más en la ideología que promueve: un sistema de creencias perfecto para fracasar y para consolidar la más paupérrima autoestima colectiva.

Febrero 13, 2009

Sobre la visita de Bachelet a Cuba y la defensa del castrismo // Rafael Rincón-Urdaneta

Archivado en: Política, Rafael Rincón-Urdaneta — libertadyprosperidad @ 6:28 pm
Hoy me extiendo más de lo normal, pero el tema lo amerita.

I

A propósito de la visita de la Presidenta chilena, Michelle Bachelet, a Cuba y de su negativa a reunirse con la disidencia de la Isla, me pregunta mi primo Javier: “¿Será que los políticos pueden ser tan caraduras y justificar una dictadura dependiendo de la ideología a la que pertenecen?” Cuando me dijo que la visita en cuestión había sido criticada en el Imperio del Mal, y sabiendo que él vive en Miami, refugio de ratas contrarrevolucionarias, golpistas, neofascistas e imperialistas, supongo que los cuestionamientos vienen, mayormente, de la disidencia cubana y de venezolanos que no tuvieron adrenalina suficiente para experimentar la intensa sensación que produce el suicidio colectivo con la píldora del Socialismo del Siglo XXI.

Pues sí, los políticos, en general, pueden llegar a ser muy caraduras. Pero también muchos periodistas, analistas y académicos, de una u otra manera vinculados con la política. En los académicos, el caradurismo y la deshonestidad intelectual son especialmente imperdonables, no porque deban ser “imparciales y objetivos”. No tienen por qué serlo. El conocimiento en las ciencias sociales tiene consecuencias políticas y se produce, entre otras cosas, de acuerdo a ideas, valores y creencias, también políticas. En las matemáticas la cosa es distinta, pero la política, como bien decía Otto von Bismarck, “ist keine exakte Wissenschaft” (no es una ciencia exacta). El académico caradura y deshonesto no es el que toma partido. Es el que simula objetividad científica mientras, en indumentaria de laboratorio, con cara de Nobel de Física y discurso teórico muy bien pensado, hace las declaraciones más militantes y absurdas. Y el peor es el que miente a sabiendas de que lo hace. Chomsky, en esto, es un maestro. Por ello, los buenos académicos, analistas o periodistas no son los que tratan de ocultar su postura para ser más creíbles (a veces con pretensiones de manipulación), sino los que mejores y más serios argumentos ofrecen.

Explico esto porque, volviendo al tema, en Chile también se ha armado un revuelo más o menos escandaloso. Y las críticas no han sido lanzadas sólo desde la derechista Alianza por Chile, conformada por Renovación Nacional y por la Unión Demócrata Independiente, sino también desde el seno de la propia Concertación izquierdista, especialmente desde la Democracia Cristiana y por algunas individualidades militantes en otros partidos. Pero el Ejército Rojo de Salvación (ERS), constituido por políticos, analistas, periodistas y similares, todos de izquierda, salió en defensa, más que de la visita a Cuba, del propio castrismo, no sin antes tratar como traidores a los izquierdistas críticos de la Revolución Cubana. Los escudos antimisiles instalados para resistir la embestida de la derecha neofascista y bla bla bla… son dos: a. ¿Por qué no hay escándalo cuando una misión de negocios visita China, país que viola sistemáticamente los derechos humanos, y sí se protesta cuando se produce una visita a Cuba? b. La visita a Cuba obedece a “razones de Estado”. Con la metodología de Jack el Destripador, vayamos por partes.

II

El ERS, a la primera cuestión, responde: no hay protesta por visitas a China porque están involucrados intereses económicos (egoístas, malsanos, malditos) de los ricos (los explotadores). Eso puede ser cierto, pero olvidan los defensores del proletariado que una eventual ruptura de relaciones con China, con la que Chile tiene ventajosas relaciones comerciales, podría dejar en la calle a un número alarmante de trabajadores. Además, en esta relación, la posición de Chile es sumamente débil. Ambos son argumentos de frialdad pragmática y sobre China habrá que decir en un próximo artículo. Mi tema de hoy es objetar la deshonesta comparación que hace el ERS entre Cuba y China que, con fines sólo didácticos (por favor, guatemaltecos, no me malinterpreten), ilustro con un juego de palabras: es como comparar Guatemala con Guatepeor.

China tiene un régimen en el que conviven tensamente la apertura económica y un rígido esquema de restricción política. No es, ni por accidente, una democracia. Pero a mi juicio ya ha dejado de ser un régimen totalitario. La China maoísta, por fortuna, ya no existe. El Estado chino ha “cedido” ciertos espacios que, en un contexto totalitario, mantendría absoluta y totalmente controlados. No sé si atreverme a decir que China ha empezado a moverse desde el totalitarismo puro (ése de “todo dentro del Estado y la ideología oficial, nada fuera de ello”) hacia una forma autoritaria distinta, capaz de coexistir con el capitalismo y, por ende, de dejar ciertos espacios de libertad. No alivia demasiado, pero cualitativamente el cambio es innegable.

Aún dejando por fuera un sinnúmero de situaciones, datos y hechos, puedo mencionar que los chinos viajan; salen y entran con bastante libertad, incluso en calidad de turistas y hasta pueden permanecer en el extranjero. Millones de chinos acceden masivamente a Internet, censurada, eso sí, pero ya emplean cotidianamente tecnología de punta e información (y a veces se las arreglan para violar los controles, dicho sea de paso). En materia económica, la situación de los chinos ha mejorado notablemente. Me cuenta Miguel Cabrera, un buen amigo cubano, que hay en China más de 60 millones de ricos, lo que equivale a la población de Gran Bretaña. Bueno, tienen ciertas condiciones favorables básicas: ya entienden el significado del término “propiedad privada”, fundamento de la libertad en general, y gozan de un nivel de libertad económica nada despreciable. Eso sin contar que muchos chinos residentes fuera del país invierten hoy en China. Por otra parte, aunque muchos chinos (porque no todos) son aún tratados como esclavos en las empresas (sospecho que más en las chinas que en las extranjeras), tales tratos han mejorado significativamente con el tiempo. Es una tendencia inevitable y una consecuencia de la apertura al mundo y de la presencia de capitales, ejecutivos, trabajadores y turistas extranjeros.

¿Que en China se violan los derechos humanos? Pero naturalmente. Todos los días. Hay opositores en calidad de presos políticos y bastante censura. Y que no se olvide el 1989 de Tiananmen… más que suficiente. Pero la tendencia de años muestra avances positivos, mas no estancamiento o retroceso. Esto no es óptimo, pero práctica y fríamente es mucho mejor que nada. Pareciera que China está, muy pero muy lentamente, abriendo la válvula de la libertad. Al menos eso espero y hay hechos observables que respaldan esa tesis. Y si no lo está haciendo a consciencia, pues el capitalismo, aún con sus naturales (y humanas) imperfecciones, podría fortalecer los derechos de los ciudadanos y tensar aún más la difícil convivencia capitalismo – autoritarismo. El capitalismo da acceso a la propiedad y libertad económica, entre otras cosas. Da poder, cosa que no existe en el comunismo fuera de la clase gobernante.

¿Y qué pasa con Cuba? Allí rige el totalitarismo comunista puro y duro, sin muestra alguna de flexibilización o tránsito hacia algo mejor o menos perverso. Miente descaradamente quien lo niega. El régimen chino actual es de partido único (bueno, hay más partidos “democráticos”, pero no creo que “importunen” mucho), cambia de presidente y, al menos, más gente mete la mano en el plato. Pero el de Cuba es personalista. No hay relevo del Líder antes de su muerte y se hace lo que manda su soberano antojo. Esto es bastante peor que el sistema de partido único, que es ya una aberración. En Cuba no hay válvula de libertad que se esté abriendo, ni rápida ni lentamente. Raúl, como que da señas de cierto pragmatismo y de menor tozudez, pero no hay nada claro. Cuba, tierra que Fidel considera una granja de su exclusiva propiedad, lleva medio siglo de represión sin tregua y de absoluto estancamiento en todos los sentidos (también en los aspectos que siempre han sido estandartes de la revolución, como la salud pública y educación).

Por otra parte, los cubanos no viajan. Ellos escapan. Partir en balsa improvisada, como alma que lleva el Diablo, hacia el inmundo capitalismo yankee no obedece a arrebatos de locura colectivos ni es una demostración del desarrollo de la ingeniería náutica cubana. Y es que los movimientos migratorios son una prueba bastante sólida. ¿Por qué hay tantos cubanos fuera la Isla? ¿Por qué los cubanos huyen despavoridos del Paraíso? Si Cuba es tan feliz, libre y democrática, ¿por qué tan severas prohibiciones para salir? ¿Por qué no emigran chilenos, estadounidenses, panameños o alemanes en masa a Cuba? ¿Por qué los países que más reciben inmigrantes son todos desarrollados, capitalistas y, además, regidos por democracias liberales? ¿Casualidad?

En Cuba tampoco hay acceso a información, fuera de la publicada en un par de medios audiovisuales o impresos, todos estatales y muy bien controlados ¿Internet? Para los turistas que visitan la Isla, de muy mala calidad, por cierto. Nada de tecnología de punta fuera del palacio de gobierno. La penosa situación económica de los cubanos no tengo que describirla. ¿Educación? En realidad, adoctrinamiento. Las escuelas cubanas, todas estatales y controladas, son centros de formación castrista donde a los pequeños se les inculca la alabanza al Profeta y la creencia de que deben sus almas y existencias a Fidel. Se alfabetiza para poder leer lo que el gobierno quiere que se lea. ¿Deporte? Todos los días algún feliz deportista (o artista) en el extranjero, al parecer fuera de sí, deserta. Curioso. ¿Salud? Asumamos que sea excelente: ¿Se necesita en Alemania, en Dinamarca, en Noruega y en Canadá un Fidel para tener salud de primera? ¿El costo de tener salud (también educación) debe ser la libertad? En el capitalismo me sale, en este sentido, “más barato” y, además, me dan factura para control contable y para cambios y devoluciones. Todos los “privilegios sociales” de los cubanos se disfrutan dentro de la celda o, mejor dicho, de esa versión caribeña de Alcatraz diseñada por el Archirecto en Jefe.

III

Pero cuando el ERS se siente acorralado, aparece el comodín dorado: el “bloqueo”. Pero ¿sufre efectivo bloqueo un país que, según cifras oficiales, comercia con más de 100 naciones en todo el planeta? Castro y sus fieles hablan de “bloqueo” como si hubiese una total obstrucción militar por tierra, mar y aire para impedir el acceso de bienes (de “alimentos y medicinas”, para hacerlo más dramático) y provocar una masiva mortandad. Pero los cubanos se están muriendo, con nosotros, de aburrimiento. El rayadísimo disco del bloqueo – en realidad se trata de un embargo en respuesta a expropiaciones sin pagar ejecutadas por Castro contra empresarios estadounidenses en los años 60 – es el recurso retórico para ingenuos más efectivo y manoseado que existe. Se usa para salvar de culpas al Profeta y para endilgárselas a la Casa Blanca, morada del Mal. Y, por si fuera poco, la política exterior castrista está inspirada en la práctica de la sanguijuela: antes con la mano metida en el bolsillo de la Madre URSS y hoy (junto a Bolivia, Ecuador, Nicaragua, República Dominicana, Argentina, entre otros) con las dos en los bolsillos venezolanos… y ni contar que, en 2008, EEUU vendió a Cuba más de 700 millones de dólares en alimentos.

IV

Con respecto a las “razones de Estado”, debo decir que a veces las hay, y realmente legítimas. Y cuando son puro cuento, los políticos usan el término como ese cotidiano “por razones ajenas a mi voluntad…”. Pero me causan extrema sospecha la emotiva ceremonia en homenaje a Allende y los discursos de halago al castrismo. Pero lo mejor fue el ataque de Bachelet, durante un foro de empresarios en La Habana, – adivinen – al “bloqueo”, que debe levantar inmediatamente EEUU a un gobierno antiestadounidense… ¡Caramba! Es decir, la Cuba de Castro se declara oficialmente antiestadounidense – que si fuera más poderosa declararía la guerra – y es incapaz de, valientemente y como buena revolucionaria de Socialismo o Muerte, asumir dignamente las consecuencias. Quiero destruir al Imperio, pero éste ha de facilitar mi objetivo. Y, como remate, explicó la mandataria que al famoso bloqueo se deben las penas económicas y sociales del pueblo cubano. No a la quincuagenaria dictadura totalitaria comunista, ni al manejo minuciosamente torpe de la economía, ni al bloqueo en versión doméstica que Fidel ha impuesto a los cubanos para que no tengan libertades económicas y políticas. No. Se deben al Imperio del Mal. Pues habría que proponer a Castro, adicionalmente, acuerdos de libre comercio, como los que tiene Chile en abundancia y que han contribuido a exportar mucho, a abaratar algunos costos y a surtir el mercado de bienes diversos.

Todo esto, ya para finalizar (¡¡¡por fin!!!), deja claro que el ardid de defender a la Revolución Cubana metiendo a los chinos en el cuento es para tontos, que a veces parecen disfrutar de su condición de tontos. La carta china no puede ocultar el profundo desprecio del castrismo por los derechos humanos y la libertad. Y así como es hábito de parte de la izquierda usar a EEUU como comodín milagroso, la China traidora, la que cometió la bajeza de abrazar el capitalismo y de no suicidarse con el comunismo puro, también es útil. Porque China, desde que es capitalista y amiga de los empresarios, mas no de los partidos comunistas y de los guerrilleros, sí que viola los derechos humanos. No antes, cuando era maoísta.

Por otra parte, recuerdo que en Chile, y en tantos otros países, es un interés nacional el cuidado y la promoción de la democracia (liberal – representativa) y de la libertad. De hecho, eso está perfecta y claramente establecido, no sólo en los documentos nacionales más importantes, sino también en los principios de la Organización de los Estados Americanos, que funciona, por cierto, muy satisfactoriamente como salón de fiestas y encuentros sociales, cuando no como circo de espectáculos vergonzosos. Pero si se animara alguien a repasar tales postulados, se apreciaría cuán interesante hubiese sido reunirse con la disidencia cubana para conocer sus inquietudes y proyectos. Pero quienes sugirieron una reunión con ésta ya tienen boleto, comprado y confirmado, de ida y sin regreso al Averno.

Conclusión: En lo política y económicamente práctico, e incluso en lo ético, es bastante más aceptable mantener relaciones con un régimen que se ha abierto al mundo y que ha mostrado, durante al menos 3 décadas, cambios insuficientes pero concretos, que apoyar apasionadamente a la estancada y cruel Cuba castrista, imitada hoy por Venezuela. Pero, en fin, en nombre de los pobres y del sueño comunista de la sociedad perfecta, se puede cometer y aplaudir cualquier barbaridad.

Febrero 5, 2009

La síntesis monstruosa // Rafael Rincón-Urdaneta

Archivado en: Rafael Rincón-Urdaneta, Venezuela — libertadyprosperidad @ 6:51 pm
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I

Mi Gran Biblioteca Política de la Estupidez y de la Barbarie, en sus versiones física y electrónica, alberga las más perniciosas ideas de la humanidad y es un solemne monumento al Idiota, inmortal protagonista de la historia. Entre muchos otros documentos, conservo allí panfletos nacionalsocialistas; la enciclopedia Brockhaus editada y publicada bajo la nefasta influencia del régimen nazi; libros escritos por aduladores del Führer; publicaciones de las SS y de las Hitlerjugend; panfletos de propaganda comunista (todos vomitivos y contraindicados para la integridad física y la sanidad mental); las obras de Marx publicadas por el Comité Central del Sozialistische Einheitspartei Deutschlands (SED), ex regente de la Alemania Oriental; los libritos de Lenin, tan inservibles para el desarrollo como fundamentales para combatir su peligroso legado; y algunos escritos de autores soviéticos y de sus pares socialistas latinoamericanos, todos divorciados de la sensatez. La tasa de crecimiento de este espacio se ha disparado de manera inquietante con la masiva entrada de literatura “Made in Venezuela”.

Luego de la acción vandálica que recientemente ejecutara un comando revolucionario de nacionalsocialistas bananeros contra la Sinagoga Tiferet Israel en Caracas, me dirigí, como acostumbro, a la referida colección de obras indecentes. Allí repasé cómo actuaban las salvajes huestes hitlerianas contra la sociedad y cómo se han conducido, en diferentes lugares y momentos históricos, las jaurías de furibundos comunistas. Esvásticas por aquí, hoces y martillos por allá, con uniforme o sin uniforme, todas las imágenes y relatos son de espanto, náusea y vergüenza. El grupete que violentó la Sinagoga, así como los numerosos colectivos revolucionarios que a diario atacan a la ciudadanía en general, no hacen más que seguir con disciplina una larga tradición de espíritu totalitario. Nada nuevo.

II

Ahora bien, en estos contextos sociopolíticos de gran depravación, maldad y miseria, se producen hechos que confunden tanto al desprevenido como al ingenuo: ¿Quién no se ha topado con alguna fotografía del Führer entre pequeñines, cual buen padre del Reich que ama intensamente a sus hijos? ¿No adoraba Adolf a Blondie, su fiel perra de raza pastor alemán, según historiadores sacrificada poco antes de la desaparición de su amo para evitar que cayera en manos soviéticas? ¿Quién no ha visto imágenes de Stalin junto a jóvenes o niños, sonriente y con cara de buen amigo? ¿No perturba ver al Idi Amin Dada “humano” coexistente con su “otro Yo diabólico” en el filme “The Last King of Scotland”? Estas amables escenas de tiranos repudiables suelen provocar asombro e indignación. No es fácil aceptar que un bicho tan malo tenga “lado humano”. Pero estos sentimientos contienen mucho de ingenuidad y bastante más de pasión.

Todos los tiranos son humanos. No son demonios ni parientes de Belcebú. No llevan la marca del Anticristo en la cabeza, debajo de la lengua o en algún glúteo. Nunca he escuchado que Stalin ocultara los cuernos debajo de su espesa cabellera. Eso hubiese podido lograrlo cualquiera de los Jackson Five, pero no Stalin. Tampoco he sabido que a Adolf, en algún momento de descuido, se le escapara la punta de la cola por la bota del pantalón, así como no he tenido noticias de que Fidel mande a confeccionar calzados especiales con forma de pata de carnero. Los tiranos no son entes sobrenaturales de inagotable perversidad. Son vulgares terrícolas que, eso sí, ciertamente albergan más y peores sentimientos malsanos que otros mortales y cuentan con poder de convocatoria suficiente para mover masas y materializar atrocidades.

El número de tiranos gobernantes es, por fortuna, infinitamente inferior al de potenciales tiranos. Hitler, Mao, Stalin, Ceaucescu, Castro, Idi Amin Dada, Mugabe y otros son sólo algunos de los millones de mortales con vena criminal, destacados por haber llegado al gobierno de sus países y por su capacidad para hacerse seguir de suficientes idiotas fieles. Ni más ni menos.

Es vital comprender y recordar esto muy bien. Pensar que los tiranos son inmigrantes venidos del Averno, que aparecen en la superficie cada cierto tiempo, nos hace olvidar que estamos rodeados de ellos y que, para poner patas arriba una sociedad y convertirla en un matadero, sólo necesitan sentarse en el trono y, repito, tener a sus pies un buen número, casi siempre inicialmente insignificante, de estúpidos que pongan sus míseras almas y sus manos al servicio de la barbarie. Adicionalmente – prepárense – estos personajes suelen ser víctimas de la peor de las injusticias que contra un príncipe malvado se puede cometer: el endilgarles toda la responsabilidad de cuanta salvajada ha sido perpetrada bajo su comando.

En términos prácticos, es imposible que un déspota, aún el más ruin e infame, cuente por sí sólo con la capacidad operativa suficiente para crear y poner en funcionamiento toda una maquinaria de brutalidad, represión y humillación. No puede hacerlo sin la ayuda de miles o millones de manos ejecutoras, de un público que aplauda vigorosamente el espectáculo macabro y de no pocos tontos y cobardes que se hagan de la vista gorda (tanto dentro como fuera del país… otros gobernantes incluidos), todos cómplices del bicho. El tirano, raras veces o nunca, dispara un tiro o participa personalmente en alguna ejecución, tortura o ataque violento. No. Él habla; habla mucho y manda a los genuflexos alelados que le alaban y sirven. ¿Dónde está entonces el monstruo, el demonio? Está en la síntesis que conjuga al tirano, al verdugo, a los aduladores, a los oportunistas y a los cobardes con toda acción política guiada por ideas hostiles a la libertad. Allí, maloliente, feo e inicuo, está un ser malévolo que supera con creces al tirano, con suerte simple manipulador y director del discurso, pero jamás su único dueño y mucho menos su único alimentador.

III

Las manifestaciones de racismo y xenofobia en Venezuela, cada día más habituales, no son más que una minúscula muestra gratis de lo que puede hacer el monstruo social venezolano, incapacitado para mover una garra sin el alimento y el ánimo de una significativa parte de la sociedad que, embrutecida, obedece a ideas ridículas y marcha al son del clientelismo político. No es un sólo fulano el culpable de las tropelías. No es a un sólo mengano que se debe el odio a muerte entre los venezolanos. No es ni será jamás un sola persona capaz de destruir el país sin la ayuda de sus sirvientes directos y, especialmente, de la masa que es pasmosamente estúpida, como bien sabía el detestable pero eficiente Goebbels. Y que no se olvide el papel fundamental de los aduladores y cobardes en éste y otros continentes.

Venezuela está mostrando su faceta más espeluznante, su cara más fea; un rostro repulsivo que amenaza con convertirse en el único si algo no se hace oportunamente. E insisto en que aún el monstruo no ha desatado toda su furia.

Así las cosas, miente quien dice que Venezuela es un país maravilloso, bello y tolerante, de gente alegre y hospitalaria. En el Paraíso, los inmigrantes y sus descendientes no son objeto de ataque y humillación. En el Edén no se profanan iglesias y sinagogas (a salvo, parece, están las mezquitas) o se declara la guerra a muerte a un grupo social o político. Un país medianamente decente no se declara oficialmente xenófobo y racista, con estrella en lugar de esvástica. Y de nada vale jurar por la Santísima Trinidad que todos estos sentimientos nefastos son ajenos a la venezolanidad, pues están allí y la mitad del país, venezolanos más, venezolanos menos, o bien los celebra sin vergüenza alguna o bien se hace la Shakira (ciega, sorda y muda), cuando no está ocupada mirando al suelo y picoteando las migas que caen de la mesa en la que magno banquete se dan los regentes de la Granja.

¿Que hay venezolanos buenos, decentes y trabajadores cuyas almas no están a la venta? ¿Qué hay venezolanos dignos que no obedecen a la orden de “Bobby ataca”? ¿Qué hay venezolanos que no son parte del monstruo? Sí, seguramente… pero ya veremos cuántos son. Pronto lo veremos y sabremos de qué está hecho “el país más bello del mundo”.

Diciembre 31, 2008

El Boomerang // Rafael Rincón-Urdaneta

Archivado en: Política, Rafael Rincón-Urdaneta, Venezuela — libertadyprosperidad @ 2:35 pm

I

El Presidente Chávez ha anunciado que “convertirá la crisis mundial en algo positivo para el país”, cosa que podría interpretarse de dos formas: la primera, la más conservadora, responde a la intención de sacar provecho de una situación adversa. La segunda lectura, que es la que más se ajusta al carácter mesiánico del gobernante, sugiere que su poder logrará mover las fuerzas necesarias para torcer el destino y salvar a la Nación.

Hace pocas semanas, el líder revolucionario había jurado que la crisis no tocaría a Venezuela porque el socialismo la había blindado contra cualquier clase de embate, por violento que éste fuera.  La Venezuela socialista y bolivariana, por el sólo hecho de serlo, estaba a salvo del cataclismo capitalista, que de las putrefactas y moribundas sociedades burguesas sólo dejaría las cenizas. Inexorable es el glorioso nacimiento de la nueva civilización socialista global desde la cuna de Bolívar… ¡aún cuando los precios del petróleo conspiren en su contra!.

Ahora, pues, el discurso ha cambiado. Y aunque el advenimiento del socialismo, primero a escala regional y luego planetaria, sigue siendo irrefrenable, parece que la famosa crisis sí va a tocar a la Venezuela monoproductora. Claro, las consecuencias satánicas del capitalismo son tan horribles y tremendas, que al menos los pedazos que saltarán por los aires caerán sobre el Bunker socialista, dentro del cual la economía se ha administrado de manera perfecta. Pero el socialismo saldrá fortalecido. La cosa no pasará de uno que otro rasguño y del pánico pasajero que los ex – oprimidos, ahora revolucionarios socialistas, sufrirán, mientras “allá afuera” el cielo habrá caído sobre las cabezas de los capitalistas.

II

Así será de borrascoso y oscuro el porvenir que se avecina, que “el único que puede gobernar el país” se muestra preocupado. Pero, en fin, si tomamos el anuncio presidencial como la idea de sacar provecho de la adversidad, no habría tanto de qué preocuparse. Total, es lo que hacen las personas exitosas que, con buen juicio y responsabilidad, logran maravillas en las peores situaciones. Aunque supone una ingenuidad rayana en la grosera estupidez, podríamos dar el beneficio de la duda al Economista en Jefe, de no ser por la idea de disminuir la dependencia de las exportaciones petroleras, incrementando las de “café, cacao y turismo”.

A estas alturas de la historia, estar pensando en el café y el cacao, los productos venezolanos de siglos pasados (de los que el XIX es de la máxima preferencia del Comandante) es bastante mediocre. Ese lujo se lo pueden dar, por ejemplo, Colombia, Brasil y Costa Rica, que han hecho de sus cafés, gracias al arduo trabajo de años, prestigiosas marcas con las que compiten cómodamente en los mercados internacionales. Sobre el cacao, sépase que el venezolano es de primerísima calidad, pero para hacer de él algo rentable es preciso mucha experiencia (know how), tecnología y una gran vena empresarial. No es con discursos y criterios socialistas que el cacao venezolano, por celestial que sea, va a competir en el mundo y menos aún va a mitigar la dependencia petrolera (podría preguntarle el Empresario en Jefe al “Padre Fidel que estás en los cielos”, si no es con capitalismo puro que promociona sus habanos en el extranjero).Y se va a necesitar mucho más que suerte para lograr algo decente a fuerza de improvisación, cuando luego de 10 años ha descubierto la administración revolucionaria que “la próxima potencia mundial que derrocará al Imperio” tiene una economía pavorosamente vulnerable. ¡Oh sorpresa!

La propuesta turística es aún más fantasiosa. Venezuela, tristemente y no obstante sus atractivos turísticos, es lo último que podría recomendarse a un amigo para vacacionar (y lo primero al peor de los enemigos). Sería bastante más seguro pasar unos días en Iraq, en Afghanistán o en cualquier país africano, donde de la nada se forma una revuelta con bastante palo, cuchillo y sangre.

Desde que el visitante llega a Venezuela, a menos que la suerte y alguna protección divina muy fuerte le acompañe, es víctima de toda clase de abusos y delitos, cometidos por maleantes uniformados y no uniformados. Las maletas, misteriosamente, llegan abiertas y más livianas. El encuentro con el funcionario revolucionario o con el honorabilísimo Guardia Nacional, casi invariablemente, resulta en la segura extorsión y en varios dólares menos en la billetera, sea mediante la solicitud abierta o mediante la sustracción furtiva durante el proceso de revisión. Luego viene la aventura con el tercer asaltante, que es el maletero, previa a la cuarta en la que interviene el taxista, empresario independiente del delito o miembro de una organización con ramificaciones en el mismo aeropuerto. Si no actúa sólo, lo hace con amigotes motorizados o similares, que emboscan al ya maltrecho turista para despojarlo de lo que queda. Pasado todo esto, y para resumir, viene la aventura del Hotel, siendo los 5 estrellas los más peligrosos, donde se le roba al visitante su dinero y su computador personal (no se salvan ni los altos oficiales rusos de visita en el país ni los representantes de organismos internacionales u otros gobiernos). Ninguna de las anteriores situaciones exonera al inocente de ser asaltado, violado, golpeado o asesinado, tanto por ladrones como por sus colegas policías y guardias, en cualquier rincón del “país más bello del mundo”. Pregunto: ¿De qué turismo está hablando el Empresario en Jefe, único ser viviente capaz de dirigir los destinos de un pueblo de seres tontos y desorientados? ¿Del extremo de aventura? ¿Turismo de adrenalina?

III

La estrategia es clara: ahora que el boomerang bolivariano de la irresponsabilidad y la ineptitud administrativas se avecina velozmente con la clarísima intención de arrancarle la cabeza a la sociedad venezolana de un sólo golpe, el Líder ha optado por tratar de reactivar su imagen de Mesías – de Ungido – con ofertas baratas y tercermundistas, cosa aparentemente conveniente para que el referéndum sobre su permanencia eterna en el poder sea un debate entre el hundimiento – el cocimiento en la paila más tenebrosa y caliente del infierno capitalista – y la salvación socialista. El problema es que el Redentor y sus apóstoles no son tan divinos… y como equipo de gobierno son un chiste trágico, tal como lo ha demostrado la verdadera década perdida. Parafraseando a Daniel Brühl en Good Bye Lenin: el boomerang bolivariano se aproxima “con la inexorabilidad de un tanque ruso”.

Diciembre 11, 2008

Consolidando la estupidez política: Medio siglo de castrismo // Rafael Rincon-Urdaneta

Archivado en: Política, Rafael Rincón-Urdaneta — libertadyprosperidad @ 12:15 am
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“Recuerden que Cuba todavía está en transición y la Revolución Cubana tiene 50 años, es decir, no se ha consolidado”. Así lo expresó hoy el ex fiscal venezolano Isaías Rodríguez, presentando la perpetuidad en el poder de un hombre, de un pensamiento único y de un proyecto de eterna duración como la cosa más normal en una sistema que está “instalando la verdadera democracia”.

Si una revolución es la tentativa violenta de derribar las autoridades políticas existentes y de substituirlas con el fin de efectuar profundos cambios en las relaciones políticas, en el ordenamiento jurídico constitucional y en el ámbito socioeconómico, cabe preguntarse: ¿qué demonios es lo que Fidel no ha podido consolidar en medio siglo?

Cuba es, siendo generosos, un país social, política y económicamente detenido en el tiempo, no por bloqueo imperialista alguno, que no existe (basta ver las estadísticas oficiales de comercio de Cuba con más de un centenar de países), sino por el que Fidel ha impuesto a una sociedad a la que ha convertido en su rebaño personal y a la que debe contener por la fuerza para que no huya despavorida del paraíso terrenal. Eso está más que consolidado, gracias, además, a la complicidad de quienes aman las revoluciones mientras se produzcan bien lejos y mientras mantengan activo el mercado de las ideas políticas que les dan de comer.

La consolidación de algo se da mientras ese algo tenga cosas por lograr. Y en tanto hecho posible en lo “no concluido”, la consolidación tiene sentido. Pregunto entonces: ¿qué es lo que no está concluido en una paralizada Cuba, en un país cuya clase gobernante revolucionaria no puede ser más groseramente conservadora y tozuda? ¿Contra quién está aún luchando la revolución cubana? ¿Contra el sistema capitalista, que tiene infinitas posibilidades más que el castrismo de adaptarse a los tiempos y de sobrevivir a las peores crisis, mientras el anticapitalismo lleva décadas jurando que está enterrado? 

Yo creo que lo único que no se ha consolidado en Cuba o, mejor dicho, en la monarquía sin corona de los Castro, es la sensatez, por no decir algo más despectivo. Y no me digan que tratamos de imponerle a Cuba un concepto de desarrollo ajeno a su cultura y deseos, cuando Fidel no se atreve a permitir la libre salida del país por el riesgo quedarse sin un alma a la que pueda mandar. ¿O es que acaso arrojarse en balsa improvisada hacia Miami y evadir tiburones es el deporte nacional de los cubanos o una demostración del avance de la ingeniería náutica revolucionaria?

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